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Arañas saltarinas

Las arañas saltarinas o saltadoras (jumping spiders) componen la familia más grande de arañas (Salticidae), un grupo caracterizado por el hábito de saltar para atrapar la presa o evadir los depredadores, y por la distribución de los ojos. Cuatro de los ojos miran hacia el frente (derecha); el par central es notablemente más grande y se usa para calcular con precisión la distancia al objeto que se observa. El par exterior se usa para percibir profundidad; es decir, la distancia entre el objeto y lo que le queda al frente y detrás. Los otros cuatro ojos miran hacia los lados y el par posterior puede incluso ver hacia atrás, lo que le da a estas arañas gran agudeza visual y un campo de visión excepcionalmente amplio. Los ojos también detectan distintos colores. Los saltícidos son diurnos y se alimentan principalmente de insectos. La estrategia de cacería varía con las especies y los lugares donde viven, pero generalmente asechan la presa, orientan el cuerpo para mirarla directamente y cuando están a la distancia adecuada saltan súbitamente para caerle encima, agarrarla e inyectarle con sus colmillos o quelíceras una dosis de veneno paralizante. Antes de saltar la araña puede anclar al sustrato una línea de seguridad hecha de seda, de modo que si falla o queda en el aire, puede regresar por la línea a su ubicación original.
La visión también juega un papel muy importante en la reproducción de los saltícidos. En muchas especies el macho y la hembra tienen distinta coloración y el macho hace señales con sus patas, cambia de postura y/o corre de un lado a otro para comunicar sus intenciones a la hembra. Luego se le acerca y si ella permanece quieta trepa sobre su cuerpo para transferirle al orificio genital un paquete de espermatozoides que él ya había transferido a sus pedipalpos. Varios días después la hembra deposita huevos en uno o más sacos de seda que coloca en lugares protegidos y de los cuales posteriormente salen arañitas que se dispersan.
Arañas saltarinas, conocida como gray wall jumper, es una araña pequeña (hasta tres octavos de pulgada de largo) que se encuentra a menudo en las paredes externas de las casas, donde se alimenta mayormente de moscas, aunque cambia su dieta según la disponibilidad de alimento. El macho es un poco más pequeño que la hembra y tiene una franja oscura longitudinal en el abdomen. El macho frota los pedipalpos contra las quelíceras para emitir un sonido durante el cortejo de la hembra. La hembra pone de 25 a 40 huevos en un saco de seda con forma de cartera de mujer que esconde en una grieta u otro lugar protegido y lo cuida hasta que unas tres semanas después los pequeños emergen y se dispersan. Los adultos viven cerca de un año. La especie tiene una distribución mundial a través de los trópicos, subtrópicos y algunas áreas templadas.
Plexippus paykulli, conocida como pantropical jumper es del mismo tamaño que la especie anterior, también se encuentra en las paredes de las casas y tiene una dieta similar. Dentro de un edificio en Texas su dieta consistió casi exclusivamente de cucarachitas. Se distingue a simple vista de M. bivittatus porque la banda dorsal del abdomen es pálida (más notable en el macho) que en la hembra y porque la cara del macho tiene un llamativo patrón de líneas blancas y oscuras; este contraste de colores seguramente juega un papel importante durante el cortejo. La reproducción y la distribución geográfica son como en la especie anterior.
Hentzia antillana es más pequeña que las anteriores, su cuerpo es más alargado y su primer par de patas es notablemente más grande. La coloración del macho es más llamativa que la de la hembra y sus pedipalpos son mucho más largos. Como las otras dos especies, H. antillana habita en la corteza de árboles y arbustos cerca y lejos de las casas. Esta especie es nativa de las Antillas y habita desde Cuba hasta Dominica.

Foto: Gavin Arachne

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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