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Un espiritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el momento de la resurrección del pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello.
1765 pintura del poblado del Pepino pintado por Pedro Tomas Labayen

Camino de la Aldea

Sabido es, que a principios de la colonización, la isla estuvo dividida por mitad, en su ancho, en dos grandes partidos denominados el Oriental o de Puerto Rico y el Occidental o de la Villa de San Germán; extendiéndose la jurisdicción del último, por la banda Sur, hasta el río Jacaguas, de Ponce, como quince leguas.

En la parte Norte del partido Occidental, y hacia el interior, no había pueblo alguno en aquellos remotos tiempos. Bosques impenetrables, por entre los que erguían sus verdes pabellones los cedros y laureles, ausubos y aceitillos, que en pretéritas edades fueron venero de riqueza en el suelo isleño, ocupaban el vasto territorio inexplorado. Hasta su fecundo seno no había llegado el hombre todavía.

Selvas y colinas mantenían la arrogante majestad de su belleza, y los campos, vírgenes y esplendorosos, ofrendaban a Dios los perfumes y matices de su variada y exuberante vegetación.

A mediados del siglo XVIII, unos hombres, venidos no sabemos de donde, explorando la región inhabitada llegaron al corazón de la montaña; y recorriendo la selva umbría, escrutando sus riquezas, admirando su frondosidad, encontraron un valle esmeraldino incrustado en el cerco verdi-negro de los montes y regado por linfas cristalinas, jardineras de su mágico esplendor enamorados aquellos hombres del bello panorama que Dios puso ante sus ojos, seducidos por los encantos de aquella naturaleza pródiga, tomaron posesión del singular paraje.

Luego, podaron la maleza, trillaron las veredas, marcaron el solar, e hicieron sus bohíos de madera bruta del bosque secular. Formado el albergue, labraron las tierras, y en el fértil surco regaron el germen de variados frutos. Al pequeño predio así cultivado llamaban conuco.

Y fue de ese modo que los gloriosos ascendientes nuestros fundaron la poética Aldehuela del Pepino en un valle esmeraldino incrustado en el cerco verdi-negro de los montes y regado por linfas cristalinas, jardineras de su mágico esplendor.

Fecha de su Fundación

Nació la aldehuela a la vida de los pueblos, a mediados del Siglo XVIII, año de 1752, siendo Gobernador Interino de la Isla el Teniente Coronel don Esteban Bravo de Rivera, quien asumió el mando el día 8 de julio de 1751, cesando en sus funciones el día 1 de mayo de 1753.

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