Capilla del Cristo

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Capilla del Cristo

Astrid Díaz- Además de su valor arquitectónico, la Capilla del Cristo tiene piezas de arte en plata, orfebrería y pinturas del siglo XVII al siglo XIX en su interior abovedado, que constituyen obras de incalculable valor.
La Capilla del Santo Cristo de la Salud es probablemente el monumento dieciochesco más conocido y querido por los puertorriqueños y uno de los íconos del país. De características mudéjar, consiste de un nicho abovedado, una pequeña sacristía y un pórtico con arcos. Está construida en ladrillo y mampostería sobre la muralla sur de la ciudad, lo que evidencia su importancia, ya que fue la excepción a la regla que prohibía construir sobre los muros defensivos. Originalmente exhibió colores terracota y blanco en la ornamentación de sus frisos y arcos.

Era frecuente que las ciudades amuralladas en Europa y América, tuvieran advocaciones de santos, por los constantes asedios del enemigo. La propia ciudad de San Juan reconocía estas en sus fortificaciones y en las ermitas y oratorios que se erigían en los caminos que conducían a la ciudad.
La Capilla del Cristo se edificó por disposición expresa del secretario del gobierno Tomás Mateo Prats, en el lugar en donde se puso una cruz tras un accidente en que salvó la vida el joven Baltasar Montañez. Sobre este hecho histórico, cuenta una leyenda inmortalizada por Cayetano Coll y Toste que para el 1753, durante las carreras de caballo en las fiestas de San Juan, el competidor Montañez no pudo frenar a tiempo su corcel y cayó al precipicio salvándose por la invocación que hizo al Santo Cristo de la Salud, por lo que se erigió en el lugar una capilla.

Sin embargo, hay historiadores que deducen que la ermita se construyó como obstáculo para evitar estas desgracias. Desde entonces las carreras en la calle se alteraron en dirección cuesta arriba.

Originalmente la Capilla del Cristo solo consistía de un nicho que abrigaba un cuadro con la efigie del cristo crucificado, pero la devoción del pueblo motivó que la capilla se ampliara atribuyéndole la construcción al ingeniero-arquitecto militar Juan Francisco Mestre, quien tendría destacada actuación en el sistema de murallas de la Isla. Sus etapas constructivas fueron tres: el nicho abovedado, la adición de la sacristía y por último el pórtico. El diseño incorporó motivos decorativos con arabescos en los frisos y los arcos, contrastando el color terracota de estos con el fondo de las paredes pintadas de blanco, pues el ladrillo de las mismas estaba empañetado. Se utilizó esgrafiado para los patrones ornamentales, una técnica decorativa mediante la cual se introduce material de otro color en la fachada a modo de resalte. La huella de esta decoración se puede apreciar actualmente a simple vista entre los ladrillos expuestos de la capilla. La revelación de estos colores y patrones, que incluye además colores brillantes como el azul y anaranjado en el pórtico, y verde en el marco de la ventana, ha traído controversias en cuanto a si se deben de recobrar nuevamente los mismos, empañetando y pintando los ladrillos expuestos a la vez que se protegen contra las inclemencias del tiempo.

Un dato importante de su historia ocurre para 1925 cuando se plantea la hipótesis de derribarla para facilitar el tránsito urbano ya que los carros cruzaban por los dos arcos de la capilla que se encontraba deteriorada, pues con la llegada del clero norteamericano se le dio importancia a otras advocaciones religiosas. Para rescatarla Doña Isabel Alonso de Mier y sus amigas cívicas organizaron la Hermandad del Santo Cristo de la Salud, quienes consiguieron restaurarla a cargo del arquitecto Rafael Carmoega. La campaña que establecieron en defensa del patrimonio creó una opinión pública favorable que llevó a las autoridades gubernamentales a documentar la misma para efectos históricos y cerrar el paso vehicular hacia la capilla. Hoy día este grupo de voluntarias cuidan de su mantenimiento y velan cualquier amenza contra ella. Lo que se reconoce como uno de los primeros actos de preservar un monumento histórico en Puerto Rico.

A sus valores arquitectónicos se añaden los del arte en plata, orfebrería y pinturas del siglo XVII al siglo XIX en su interior abovedado. La capilla posee un altar con frontal de plata repujada, realizada con la fundición de ex votos o milagros ofrendados en agradecimiento por la salud recobrada. Un óleo con la imagen del Santo Cristo se colocó sobre el altar cuya pintura responde a la primera obra pictórica firmada por un artista puertorriqueño, Manuel García. A su lado hay óleos por José Campeche. La parte superior del frontal es de madera y hojas de oro, la mayoría de los objetos son los originales del año 1753, por lo que la Capilla del Cristo se considera también un museo religioso.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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