Salto Collazo

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La Leyenda del Salto Collazo

Se cuenta que en una quebrada que nace en Guajataca, de aguas claras y cristalinas que sigue su curso de norte a sur y desagua en el Río Culebrinas ocurrió un hecho insólito, que ha dado motivo a la narración de una leyenda sobre el Salto Collazo.

Se ha dicho que un agricultor apellidado Collazo, temerario y valeroso, recorría los montes buscando presas de caza. Collazo siguió la ribera de la quebrada las Cañas buscando sus víctimas que abrevaban en sus aguas, internándose en las cercanías de las cascadas divisó un cerdo salvaje.

En esta quebrada y pendiente de la Sierra de la cuadra, se encuentran tres cascadas; una como de cuarenta varas de elevación, descendiendo perpendicularmente formando en su fin, una poza que en toda la estación de las aguas exhala una densa neblina. Neblina que se presta como panorama de lo misterioso. La otra tiene menos altura y su salto es más ancho y la otra sigue el mismo orden, pero con menos elevación.

Collazo, habiendo divisado el cerdo fue tras él, pero el animal defendió su vida y resultó entonces que el cazador resultó cazado, porque el cerdo arremetió contra él con furia.

Sorprendido el cazador subió aterrorizado a un árbol, cuyas ramas eran quebradizas. No pudiendo soportar el peso del hombre, las débiles ramas cedieron, cayendo a la poza de la cascada el pobre cazador. Allí fue ultimado por el cerdo salvaje, que dio oportunidad a que se defendiera a quien quería matarle.

Desde entonces se conoce el lugar como el Salto Collazo. Aquí han surgido otras misteriosas narraciones, de amor, de venganza, de odio y de pasión. Pero ante todo el agua clara y fría sirve para que muchos niños del barrio, acompañados de adultos, se den buenos chapuzones. También muchos paisanos nuestros que vienen de otros puntos de la Isla, se dan una zambullida en sus aguas.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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