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Despega una nueva economía azucarera

Despega una nueva economía azucarera

La variedad de caña “Puri” que se utilizaba en las Antillas desde el siglo XVI al XVIII era conocida en la isla como “criolla” o “de la tierra”. Dicha variedad era pequeña, delgada y “no muy rica en guarapo”. La más productiva caña de Otahití no fue descubierta hasta el viaje de Bougainville alrededor del mundo, para 1769 en la Isla Otahití del Océano Pacífico. Los franceses la trajeron en 1792 a sus colonias caribeñas de Cayena y Martinica; y en 1793 se informa que el hacendado Francisco Arango y Parreño la introdujo a Cuba. Los ingleses la llamaban caña Borbón. Se desconoce por medio de quién y cuándo llegó a Puerto Rico, pero fue la variedad adoptada por las haciendas azucareras del siglo XIX por su jugo, fácil preparación, blandura del tallo y rápido crecimiento.

En las primeras dos décadas del siglo XIX coincidieron buenos impulsos para la industria sacarina, especialmente la apertura de puertos a lo largo del litoral, la inmigración de hacendados, y una demanda mundial insatisfecha que aumentaba los precios y estimulaba al comercio internacional a financiar la creación de nuevas y mejores haciendas. Desde esa época, aunque con períodos de excepción, gran parte del azúcar de Puerto Rico se exportaba a las refinerías estadounidenses. Lo demás iba mayormente a diversos países europeos. Gran Bretaña fue un mercado importante después de abrir su mercado al azúcar extranjero en 1845, pero especialmente durante la Guerra Civil de Estados Unidos.

Siendo el azúcar un producto de bajo valor por libra, la viabilidad económica de su fabricación es muy sensitiva al costo de la transportación hasta el mercado. El transporte de grandes cantidades de azúcar hasta el otro lado del océano en veleros grandes y veloces (y más adelante en vapores) resultaba más barato que el transporte a San Juan en balandras de poca cabida, que era el mejor medio de transporte de carga interno. La apertura de puertos habilitados para exportación directa benefició mucho al azúcar, al punto que desplazó café, principal exportación de esos años, de las tierras vecinas a los puertos principales.

La Cédula Real del 1815 estimulaba la inmigración de empresarios y capitales, el fomento de haciendas, el aumento de las esclavitudes y la adquisición de maquinaria. Esas medidas y la disponibilidad de crédito de parte del comercio azucarero de Santomás se conjugaron con las circunstancias ya mencionadas para que, en la vecindad de ríos navegables y puertos, se fueran fundando más y mayores ingenios, con abundante cuerdaje de caña y pastos, numerosa dotación de esclavos, molinos de gran capacidad y buena cantidad de bueyes y carretones para el acarreo.

También ayudó la creación en 1814 de la Sociedad Económica de Amigos del País, entre cuyas comisiones permanentes estaba la de Agricultura y Comercio. Su programa cultural incluía la divulgación de los conocimientos y técnicas fundamentales para el progreso de agricultura y la industria: tal vez el primer programa de extensión agrícola de Puerto Rico.

Entrado el siglo XIX, la industria azucarera se benefició de acciones tales como la repartición de tierras baldías, la liberación de efectivo y capital al permitir la acuñación de riles,19 mayor disponibilidad de mano de obra mediante licencias para traer más esclavos, y la imposición del reglamento de la libreta.

Para 1817 Puerto Rico tenía un total de 221,496 habitantes en 49 municipios. De ellos, 19,281 eran propietarios, 20,944 agregados y 18,178 esclavos. Se indica que existían 427 trapiches e ingenios, 29 alambiques, y 56 molinos de café. En esa fecha, la producción de arroz todavía superaba por peso a la de café;20 y la de éste a la de caña de azúcar. Pero en un lustro la caña se volvería a colocar a la cabeza de la economía isleña.

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