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El Castillo de la Muerte

A un kilómetro de Canóvanas y cerca de la carretera que hoy conduce a Juncos, se alzan las ruinas del Castillo de la Muerte. Llamado así desde remotos tiempos por la horrorosa tragedia de sangre que ocurriera en él ,la noche del 13 de septiembre de 17…. Por eso los campesinos que conocen la leyenda de don Juan Aybar Ruiz (Señor de Loiza), no pueden evitar el estremecimiento al ver las ruinas y se persignan al pasar por el lugar , como si el espíritu del mal morase en ellas y las cubriese con sus negras alas.
Hace muchos años los vecinos del barrio Cambalache vieron llegar al sitio un gran número de obreros, que acto seguido comenzaron a trabajar día y noche, hasta que tres meses más tarde, a orillas del río Canóvanas, se levantaba el hermoso “Castillo de Le Ham”. La rápida construcción del castillo, el sitio solitario donde lo edificaron y la llegada súbita de los dueños, daban la impresión de que venían huyendo.
Era su dueño un español muy rico que había obtenido del Rey todas las tierras que comprenden Juncos y Canóvanas.Se hacía llamar don Juan Aybar Ruiz, Señor de Loiza. Vivía con él su esposa doña Elvira Montaner y Somohano, hermosa y joven castellana a quien todos tenían por un dechado de virtud. Pronto se hicieron los nuevos moradores, acreedores a las bendiciones de todos los habitantes por sus buenas obras.
Por 5 años nada vino a estorbar la dicha de los dueños, Cuando una noche de septiembre, mientras se celebraba en la mansión el cumpleaños de doña Elvira, entró temblando un criado y anunció que el castillo estaba cercado por hombres armados hasta los dientes.
Ya se preparaban todos para salvar sus vidas , cuando entró un hombre en traje de pirata y pidió la rendición del castillo, en nombre de su capitán el Corsario Rojo. Enseguida entró a la sala un hombre vestido todo de rojo y a cada lado del pecho tenía un corazón blanco. Saludó cortésmente a don Juan y éste , sin saber por qué, se estremeció al oir aquella voz.
— Señor, dijo don Juan, si es dinero lo que queréis, pedidlo , que lo tendréis enseguida, si es que con ello puedo conseguir que os retiréis.
Lanzó el corsario una estridente carcajada y dijo: —No, don Juan. No es dinero lo que me trae aquí, sino algo más importante.
Don Juan ……el Corsario Rojo tiene el honor de visitar a su hermano”el Señor de Loiza”, en su hermoso Castillo de Le Ham.
Mientras esto decía se descubría el rostro. El estupor de don Juan y de su esposa no tuvo límites y solo pudieron pronunciar en una voz apenas perceptible:
—¡ Pepe …tú..un corsario…un pirata!
El Capitán lanzó una carcajada que heló la sangre de su hermano y con acento feroz dijo:
—Sí …un corsario…un pirata… ¿Qué me importa que me llaméis así si al fin os encuentro? Ha llegado la hora de que arreglemos cuentas. Hace 5 años que me robaste a mi esposa y con ella mi honra y mi felicidad. Desde entonces te he buscado incansablemente, ansioso de lavar con tu sangre mi afrenta.No hay un pueblo al sur de Europa que no haya visitado buscándote.
Cesó de hablar. Don Juan y doña Elvira esperaban resignados su suerte. De pronto horrorizados los allí presentes vieron a aquellos bárbaros sacarle los ojos a los dueños del castillo., les vieron cortarle la lengua y los brazos, vieron como los arremataban una y otra vez atravesándoles el corazón y por último vieron al Capitán teñir con su sangre los dos corazones blancos que llevaba en el pecho.
Luego 10 convidados, 20 servidores y 90 esclavos fueron pasados a cuchillo.
Por último saquearon e incendiaron el castillo. Saciada su sed de venganza el corsario se entregó a la justicia, enfrentando así su destino….La Horca.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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