El despegue azucarero de América

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En el periodo 1510-1521 se documenta la entrada de 186 navíos a San Juan y 152 a San Germán, inicialmente situado cerca de la desembocadura del Río Añasco. Esto señala una época próspera para las primeras colonias antillanas en su período de minería de oro.

El desarrollo de la economía azucarera fue la alternativa impulsada por las autoridades españolas y la naciente burguesía antillana para enfrentar la decadencia de la minería. Sin embargo, esa industria nunca gozó de tal disponibilidad de transporte, pues después de 1521 surgieron puertos continentales con grandes cantidades de oro y plata que atraían a la mayoría de los barcos.

La América colonial ibérica se caracterizó por tener varios núcleos agro-exportadores que producían para el gran comercio transoceánico. Estos se dedicaron a producir aquellos productos compatibles con sus climas y suelos que generaban mayores ganancias en el mercado metropolitano. Estos núcleos, a su vez, desarrollaron de forma paralela unas zonas complementarias que las aprovisionaban de alimentos, insumos y animales de tiro. Las actividades que requerían mucha mano de obra en lugares de escasa población nativa dependían de la importación de africanos en calidad de esclavos.

Las Antillas de mediados del siglo XVI tenían condiciones idóneas para la industria del azúcar: tierras fértiles cercanas a puertos, bosques con leña y madera de buena calidad, arcilla y fuentes de cal para estructuras; y pastos para las bestias que tirarían de las carretas y moverían los molinos. En 1507 en Concepción de la Vega (de la Isla Española), Pedro de Atienza plantó el primer cañaveral de las Américas y Miguel Ballestero fabricó la primera azúcar en el primer ingenio. Un par de años más tarde, maestros azucareros canarios recién llegados construyeron para Gonzalo Velloza el primer trapiche tirado por caballos. La presencia de técnicos azucareros canarios facilitó el crecimiento de su industria azucarera.

Durante casi todo el siglo XVI, La Española y Puerto Rico fueron los centros de producción de azúcar más importantes en las Antillas. Esta economía entró en crisis en ambas islas en la década de 1580, y la producción quedó en pequeñas cantidades ocasionales en las primeras décadas del siglo XVII. En Jamaica se establecieron pocos ingenios, y en Cuba la actividad azucarera no despegó con fuerza hasta después de 1590.

La producción azucarera era una empresa de altos costos y riesgos mercantiles. Aunque la tierra fuera cedida sin costo (ni título de propiedad), montar un ingenio requería un gran capital en equipos, materiales, herramientas, animales y esclavos, y para cubrir más de un año de gastos iniciales en hacer caminos y tal vez muelles pluviales, levantar estructuras y talar y sembrar tanto caña como cultivos comestibles para los esclavos. Además, había costos comerciales e impuestos de la corona y la iglesia. Eso explica por qué en Puerto Rico hubiera apenas una docena de haciendas funcionando a la vez a mediados del Siglo XVI, aun siendo el azúcar el rubro principal de la economía antillana.

El auge azucarero en las Antillas trajo riqueza a unos pocos, beneficios a la economía de la colonia y la metrópoli, esclavitud para los negros importados, y mucha degradación ambiental, tanto por la erosión como por la tala de los bosques. La elaboración del azúcar consumía grandes cantidades de leña como combustible. La leña de los bosques que se talaban para sembrar caña, cultivar alimentos y crear pastizales para caballos y bueyes no era suficiente.

NOTA: Publicación autorizada por Lionel Valentín Calderón, Administrador del Portal. Hasta donde nos es posible damos crédito a los autores de los artículos cuando se nos proveen. Si encuentras algún error no vaciles en publicar las correcciones como comentarios o puedes comunicarte con nosotros enviando las pruebas y evidencias de lo que afirmas y haremos las correcciones necesarias de inmedito.

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