El Jacho Centeno

También te puede interesar

Cuentan algunos mayores que una vez vivía en la Playa de Salinas, solo en su bohío, un pobre pescador llamado Centeno. Enfermó este pobre hombre hasta llegar a sufrir de un paludismo crónico que con nada podía curar.

Pasaban los días y las fiebres se repetían, empeorando su salud y su situación económica-, pues sintiéndose tan mal no podía echarse al mar, de donde acostumbraba sacar con su trabajo el sustento diario.

Una noche de lluvias, cuando tiritaba de frío por la fiebre que lo consumía, se levantó y fue cerca de su choza donde cogió unas hojas de zurra de limón para hacer un cocimiento y tomárselo con el fin de calmar la fiebre que lo devoraba. Miró alrededor y no pudo encontrar astillas con qué animar el fuego. Entonces cogió una cruz de madera que tenía, la hizo astillas y la metió al fuego.

Así logró su intento; pero cuentan los que esto recuerdan y afirman que poco tiempo después murió nuestro enfermo y empezó a verse, que de lo que fue su bohío salía un hombre, que suspendido en el espacio, con una antorcha en la mano, moviéndose una veces por mar y otras por tierra, como que buscaba algo que había perdido. Así ha continuado en esta tarea hasta nuestros días, en que todavía hay personas que aseguran que lo ven periódicamente, a horas avanzadas de la noche.

Las gentes creyentes consideran que lo que hizo Centeno con la cruz constituye un acto de sacrilegio, profanación, y que fuerzas misteriosas lo han condenado, después de su muerte, a buscar las cenizas de la cruz que quemó, por mar y por tierra, hasta encontrarlas.

Y como no las ha encontrado aún, sigue nuestra buena gente todavía viendo «El Jacho de Centeno» en horas avanzadas de la noche.

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest
Email
WhatsApp