El más amado

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El más amado

Cierto día un celebre periodista consiguió una entrevista con Dios Padre. Lo primero que le llamo la atención es lo joven que era el Creador. De Viejecito con barbas como lo imagino Daniel nada. Era la plenitud de la juventud.

Durante la conversación el periodista preguntó:

— Señor. ¿a qué seres humanos quieres más?.

Dios sonrió, y guiñando un ojo a su Hijo Jesús que estaba sentado justo a su derecha, dijo al periodista:

— “A ver si lo adivinas”.

— Me imagino que a las personas que entregan su vida al servicio de los demás. Como la Madre Teresa, o el Padre Kolbe.

— Sí, sí, los quiero mucho. Pero no son a quien quiero más.

El periodista fue nombrando todas las personas que se dedican al servicio de Dios en sus hermanos. Empezó con los que templan a Dios con su oración.

— Ya sé. Señor. Las monjas, los sacerdotes, ministros y pastores.

— También, también los quiero pero no son a quien quiero más.

— A los niños inocentes. Los humildes que creen en Ti.

— Si los quiero pero no son los que quiero más.

— Pues ya no queda nadie. Señor.

— Si, quedan respondió Dios. Los que dicen que yo no existo, y les gustaría, ¡pobres hijos!, que fuese cierto. Los que me insultan blasfemando contra mí. Los que quebrantan mis leyes y dicen que tienen el poder de cambiarlas. Los impíos y pecadores empedernidos. Sí esos son los hijos a los que quiero más.

— Ateos. No puede ser. Señor, estás de broma. Cómo vas amar tu negación.

— No. No amo su ateísmo. Los amo a ellos porque están ciegos y no me ven. Los cuido sin que se den cuenta, y que alegría me dan cuando alguno de ellos me descubre a su lado. Si tuvieses un hijo ciego, ¿no lo ibas a querer?. Ellos son mis hijos. Aunque sean ciegos.

— Sin embargo, me enseñaron que los ateos iban todos al infierno, o sea que serán tus hijos más queridos, pero los mandas al infierno.

— Yo no mando a nadie al infierno. Eso es una calumnia. Al infierno va quien lo escoge con su vida. Yo los hice libres.

— Ya, ya. ¿Pero los ateos van o no van al cielo.?

— Bueno. Tengo mis trucos. A veces les doy unos fogonazos de gracia tan fuertes que no les queda más remedio; que ceder ante mi gracia. Otras aquí mi Hijo, ha hecho unos arreglos en sus “papeles” y ha comprado un pedazo de cielo para cada ser humano. Todo arreglado.

— ¿Qué papeles? Señor.

— Pues cuando un hombre bueno, pero que no reconoce mi existencia, dice: “para mi lo importante es la belleza. Y se consagra a su búsqueda. Se lo premio, como si me buscase a mí. Porque la Verdadera belleza soy Yo. Lo mismo con el que busca la Verdad.

En esto Jesús, sonrió a su Padre y le dijo:

— “Abba, La Verdad soy Yo.

— Tu y Yo, Hijo.

De la Nube que cubría el Trono celestial salió Una Voz que era la misma:

— Y Yo. Los Tres somos la misma cosa.

— Has visto a mi familia. Continúo contigo hijo. Si busca la Verdad. Es que me busca a mí. Igual si lo hace con la Justicia.

— ¿Y qué pasa Señor, si cree en Ti, pero maltrata a los demás, no cumple tus leyes?

— También intento curarlo. Son otros de los hijos que más quiero. Pero no se cree en Mi, ni se me adora, por el mero hecho de rezar ante un altar o por seguir los ritos de una religión, eso es una idolatría. Hay muchos que me han convertido en un ídolo. Quien no ama a su hermano, no me ama a mi.

El periodista pidió la bendición de Dios y abandono el cielo. Mejor dicho despertó.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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