El prodigio de Hormigueros

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Cayetano Coll y Toste -En la Casona de Geraldo González todo era llanto y desolación. Se había desaparecido de la casa paterna, hacía unos cuantos días la alegría del hogar, la niña María Monserrate, la linda Monsita, sueño de oro de su padre, bella criatura de ocho años de edad, de ojos azules como de turquí de los cielos y de piel de rosa y lirios.
Todo el vecindario tomó parte en el duelo aflictivo de Geraldo González. Peones y estancieros amigos se echaron a escudriñar los montes y malezas de la abrupta sierra inmediata; y al cabo de quince días de ausencia encontraron sentada junto a una gran ceiba, cantando una tonadilla, a la traviesa María Monserrate.

Una excavación profunda en el grueso tronco del gran árbol tropical la guarecía de la lluvia y del relente nocturno. Parecía hecho el hueco para ella.

La muchachita vivaz, no tenía miedo a nada y esperaba tranquila y valerosa a que su familia la fuera a buscar en aquel escondrijo.

Don Geraldo, con los ojos llenos de lágrimas, y riéndose al mismo tiempo, le preguntó:

—Pero, hija de mi alma, ¿no te daba miedo la obscuridad la noche?

—No, papita; porque aquí de noche hay una dulce claridad que sale de aquella cueva.

—Pero, mi alma, ¿no tenías hambre?

—No, papita; porque de esa misma cueva salía una mujer, vestida de blanco, que me daba frutas dulcísimas y me acariciaba el rostro con sus manos; que olían gratamente.

—Pero, ¿tú le viste la cara? ¿No la conoces? ¿A quién se te parece?

—Sí, papita; tiene los ojos negros y brillantes, muy dulces en el mirar; y se sonreía conmigo; es muy linda, pero el color es prieto como el café.

—¡Ah! — exclamó don Geraldo lleno de gozo y fe —, es Nuestra Señora de la Monserrate que te ha socorrido. Mi patrona. ¡Alabado y bendito sea su nombre por los siglos y siglos…!

Geraldo González era el fundador de la Ermita de Nuestra Señora de la Monserrate en la hermosa planicie de Hormigueros. Además era el mayordomo de la capilla que estaba llena de votos y ofrendas de sus feligreses. El Vice-Real Patrono había puesto bajo la custodia de González, el cuido del Monasterio.

La fe religiosa, pura e inquebrantable de nuestros viejos, veía el prodigio de la Reina de los Ángeles interviniendo de continuo en las acciones humanas. Así ocurría entre Griegos y Romanos con los dioses del Paganismo. El hombre es un ser religioso por naturaleza.

¡Cuán hermoso y consolador es dormirse sobre tan grata almohada! Pero el método de Descartes, estableciendo la duda, como principio de toda investigación ardua y haciéndonos ir siempre en nuestros estudios físicos y psicólogos de lo conocido a lo desconocido, ha rasgado sin escrúpulos nuestras más firmes creencias.

Todavía está en pie el célebre Monasterio, y las rogativas a la Ermita de la Monserrate, en demanda de salud y solución celestial a algunos de nuestros conflictos, prueban que la fe maciza no se ha perdido del todo. Aun queda mucho oro en nuestros corazones para venerar devotos aquellos paredones que se levantan en la colina de Hormigueros, patria del prócer Segundo Ruiz Belvis; y llevarle nuestros ramos de flores a la morena Virgen Madre, que socorrió tan oportunamente a la encantadora niña María Monserrate González. ¡Qué extenso y variado es el reino de la ilusión…! Todavía nuestros devotos de este culto pueden hacer sus romerías a esta célebre Ermita. El obispo monseñor Blenk pudo, no hace mucho tiempo, organizar una espléndida peregrinación a este Monasterio.

NOTA: Publicación autorizada por Lionel Valentín Calderón, Administrador del Portal. Hasta donde nos es posible damos crédito a los autores de los artículos cuando se nos proveen. Si encuentras algún error no vaciles en publicar las correcciones como comentarios o puedes comunicarte con nosotros enviando las pruebas y evidencias de lo que afirmas y haremos las correcciones necesarias de inmedito.

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