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El Puente de la Llorosa II

Han pasado muchos, pero muuuchos años…Llovía torrencialmente en el pueblo y en los barrios. El barrio Asomante de Aibonito no era la excepción y menos aún el sector Abejas. Blasinia Aibey regresaba del pueblo, de su trabajo como doméstica. Caminaba siempre a pie era muy pobre. Regresaba a casa de sus padres en el sector Abeja. Era entrada la noche del Viernes. El lunes tempranito regresaría al pueblo con su hijito Paulito (el fruto del único amor que ella tuvo). Era lo que tenía en el mundo aparte de sus padres.
Por ser la única hija se vio en la obligación de hacerse cargo de las labores del hogar, aparte de trabajar como doméstica en las casas ricas. Por eso no fue a la escuela.
Pero Blasinia cargaba otra responsabilidad. Veamos cómo y de dónde le vino su gran prueba.
Un tal Lorenzono se presentó un día en la barriada en busca de trabajo en las plantaciones de tabaco. Enseguida recibió hospitalidad de varias familias del sector. Fue en una de esas casas donde vio por primera vez a Blasinia Aibey. Verla y enamorarse de ella fue para Lorenzono una sola cosa.
Lorenzono era joven, alto, delgado, de pelo castaño, muy buen jinete y su única posesión era un caballo color marrón con manchas negras. Pero……tenía una debilidad : bebía mucho licor. Todo lo que ganaba lo gastaba en la bebida. En los brazos de este hombre cayó un día Blasinia. No escuchó consejos…. ¡estaba enamorada! Un viernes por la noche escapó con él hacia la costa.
Pasaron los meses y un día apareció Blasinia . Estaba embarazada . Lorenzano la había abandonado .Al pasar las semanas y no saber de él decidió regresar con sus padres. No se habló más del asunto. Nació Paulito y aumentaron los sacrificios para la joven. Por la mañana se levantaba de madrugada, dejaba a sus padres desayunados y la comida del día al rescoldo en el fogón. Se montaba a su hijito a la cintura y salía hacia el pueblo a pie.
Un viernes , bien entrada la tarde, la mujer regresaba con su hijito de apenas 1 año de edad. Era bastante tarde, casi anochecía. Venía muy cansada y decidió sentarse en uno de los muros del puente. A su lado sentó al niño en lo que buscaba un pedazo de pan para entretenerlo. Blasinia se descuidó un momento del niño y éste se le fue de las manos rodando del muro a las aguas bajo el puente.¡Se lo llevó la corriente de aguas turbias, puente abajo y risco abajo!
Para Blasinia la vida terminó aquella trágica noche. Pasaron los años y ella siguió llorando y llamando a su hijo. Había perdido la razón. Dicen que caminaba mucho del campo al pueblo y del pueblo al campo.Que su parada favorita eran los muros del puente. Allí recordaba,lloraba y llamaba a su hijo. Esto lo hacía a las doce en punto de la noche cuando las campanas de la iglesia repicaban la hora. Así pasó sus últimos años y así murió . Siempre llorando por su hijo.
Se dice que una noche Lorenzono llegó buscando a Blasinia.Al no encontrarla se marchó del pueblo.Eran cerca de las doce cuando pasó por el puente.Oyó a un niño que lloraba de hambre.Extrajo un pedazo de pan de una de las banastas y fue a dárselo al niño. Cual no sería su sorpresa al ver un niño abrir su boca y enseñar unos colmillos largos , largos.– ¿ Qué quieres de mí satanás? El caballo dio un relincho , saltó y cayó al risco con el pescuezo y patas rotas. Lorenzono desapareció en la noche.
Se dice que por muchos años justo a la media noche se oía a una mujer llorar por su hijo en el puente.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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