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Fresa de montaña

Rubus rosifolius (Rosaceae)- La fresa de montaña es nativa de Asia pero se introdujo hace mucho tiempo a las Antillas y a otros lugares tropicales alrededor del mundo.
La planta crece mejor en suelos húmedos y climas frescos, condiciones que encuentra óptimamente en las montañas. Aunque se le llama fresa, sería más apropiado llamarle frambuesa, pues las fresas (strawberries) son sólidas mientras que las frambuesas (raspberries) son huecas. La especie puertorriqueña Rubus florulentus se conoce también como fresa de montaña, pero su fruta es pequeña y negra como las zarzamoras (blackberies). Rubus significa rojo, mientras que
rosifolius significa con hojas parecidas a las de las rosas. La planta crece rastrera o sobre sustratos inclinados, frecuentemente con otra vegetación y por lo general en lugares parcialmente soleados. El crecimiento de la vegetación aledaña a menudo produce demasiada sombra y la planta no dura más de dos o tres años en el lugar. Los tallos son delgados y espinosos. Las frutas más grandes miden poco menos de 1 pulgada de largo. La fruta es deliciosa y su sabor es menos intenso que el de la frambuesa importada que se vende en los supermercados.
En antaño los niños del campo recogían las frutas para venderlas a lo largo de las carreteras. Como nunca se ha cultivado en la isla, la fresa de montaña solo se consigue esporádicamente. La experiencia de saborearla es casi siempre un bienvenido accidente durante un recorrido por la cordillera. La planta florece y fructifica durante todo el año.

NOTA: Siempre que nos es posible publicamos el nombre del Autor y un enlace al lugar del cual se obtuvo la información publicada. Dado el caso que mucha información nos es enviada sin esta información, pedimos que si es usted amigo lector el autor de uno de estos artículos nos lo haga saber para dar los créditos correspondientes.

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No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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