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Grosella

Phyllanthus acidus -Phyllanthaceae- La grosella es nativa de Asia pero se ha cultivado por mucho tiempo en los trópicos alrededor del mundo. Los ingleses la introdujeron al Caribe en 1793. Phyllanthus significa hoja-flor, porque a veces las flores surgen entre las hojas, mientras que acidus se refiere al sabor amargo de la fruta. El árbol alcanza los 30 pies de altura con tronco de 6 pulgadas de diámetro. Las hojas son simples y se distribuyen en dos filas a lo largo de las ramas. Las abundantes florecitas rojizas aparecen por lo general a lo largo de ejes cortos que surgen al final de ramas altas sin hojas. Las ramas desarrollan más tarde grandes a glomeraciones de frutas, cada una de alrededor de 3/4 de pulgada de diámetro, redondeada, con seis u ocho ángulos o quillas.
Debajo de la cáscara hay una pulpa crujiente, jugosa y muy agria. En el centro de la fruta se encuentra un hueso pardo que tiene de cuatro a seis semillas. Los esfuerzos del autor hace años por tener un árbol de grosellas se vieron frustrados por una mariposa nocturna que regularmente depositaba sus huevos en las hojas y las larvas repetidamente defoliaban el arbolito.
La pulpa de la grosella es tan amarga que difícilmente se come la fruta al natural. La forma más común de consumirla es como dulce. Las grosellas se hierven en agua con azúcar hasta que el líquido y las grosellas se tornan rojizas, como el dulce de acerola. El dulce y el sirope pueden usarse como acompañantes de bizcochos y helados. La grosella florece y fructifica durante la mayor parte del año, pero produce con mayor abundancia de febrero a junio.

NOTA: Siempre que nos es posible publicamos el nombre del Autor y un enlace al lugar del cual se obtuvo la información publicada. Dado el caso que mucha información nos es enviada sin esta información, pedimos que si es usted amigo lector el autor de uno de estos artículos nos lo haga saber para dar los créditos correspondientes.

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No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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Publicación autorizada por Lionel Valentín Calderón, artista, escritor y Siervo del Señor.