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Evolucion azucar en PR -Haciendas y Centrales

Industria del Azúcar: Haciendas y Centrales

Los ingenios azucareros del siglo XVI tuvieron una importancia determinante en la comunidad y el poblamiento colonizador español de Puerto Rico. La noción de “complejo económico- social” que se asocia al ingenio tiene su razón de ser en el hecho de que aglutinaba a una gran cantidad de pobladores de diversas categorías sociales (propietarios, mercaderes, estancieros o colonos, artesanos, jornaleros, esclavos y otros) en actividades complementarias en un espacio. Y a su vez, el establecer capillas como parte integrante de algunos ingenios, adquirieron el carácter de núcleos fundacionales de pueblos.

La hacienda azucarera fue la causa principal de la introducción de esclavos a Puerto Rico a una escala significativa, y por lo tanto, de la composición racial y la mezcla cultural puertorriqueña. También ha tenido gran impacto en la toponimia y en el castellano de Puerto Rico.

La prominencia social, política y económica de muchas familias cuyos apellidos se ven hoy en las puertas de los consultorios médicos y las páginas sociales, vino de las haciendas azucareras y cafetaleras. La pobreza de muchas otras familias más, que descienden de aquellos que las primeras desplazaron, despojaron, esclavizaron y explotaron, tiene también su raíz en la industria azucarera y sobretodo en su etapa centralera, que en 30 años transformó a Puerto Rico de una tierra de pequeños y medianos propietarios a una de latifundios y proletarios.

A pesar de sus limitaciones de área y topografía, Puerto Rico llegó a ser un importante exportador azucarero a nivel mundial para la segunda mitad del siglo XVI. Tras quedar en rezago en el siglo XVII, la segunda mitad del siglo XVIII dio un nuevo impulso para la hacienda azucarera, comenzándose la introducción de mejores tecnologías. Para los 1820s la hacienda azucarera impulsaba a la isla hacia la revolución industrial con la introducción de máquinas a vapor y molinos de hierro. Mientras que hasta el Siglo XIX, la unidad productora fue la hacienda, en la primera mitad del siglo XX, cuando la isla se vio arropada casi entera por cañaverales, lo fue la central.

En las últimas décadas del Siglo XIX, se hizo necesaria una tecnología más sofisticada y eficiente para reducir el costo de producción del azúcar por medio de la creación de una unidad fabril separada de la fase agrícola, manejada por personal técnico tanto en mecánica como en química y con equipos sumamente costosos. Esta unidad recibió el nombre de factoría central (o central a secas), debido a que se ubicaría en el centro de un grupo de haciendas para moler las cañas de todas ellas, las cuales cerrarían sus ingenios para enviarle su caña por tren.

Las factorías centrales de fines del siglo contaban con las principales técnicas y aparatos distintivos de la central moderna, aunque a menor escala. Precisamente era eso lo que les impedía alcanzar una rentabilidad exitosa. Más de la mitad fracasaron, y las haciendas a vapor y hasta las de bueyes coexistieron con ellas. Las centrales azucareras finalmente alcanzaron su desarrollo máximo en el siglo XX, conjuntamente con la agricultura científica y la mecanización del transporte y el manejo de la caña. Las centrales superaban a las haciendas azucareras en capitalización, capacidad de procesamiento y de traer caña desde lugares distantes, rendimiento de sucrosa, capacidad gerencial, científica e ingenieril, y en la concentración de poder económico, social y político. Ciertamente las tecnologías y procesos agrícolas y fabriles de la actividad cañera en Puerto Rico culminaron en la primera mitad del siglo XX, cuando se colocaron en la vanguardia a nivel mundial.

Los varios estudios históricos, arqueológicos y gráficos de haciendas, colonias y centrales en los que se basa esta obra, se hicieron mientras éstas se están perdiendo rápidamente al desarrollo, el deterioro y los desastres naturales. Y más: mientras documentaba junto al amigo Fernando Plá para el National Register la Central Aguirre, la última que estaba completa en Puerto Rico a meses de terminar su última zafra, veía cómo desmontaban desde máquinas y equipos hasta rieles, que de inmediato desaparecían en pick-ups privados sin que se viera a nadie decir nada. ¿Cuánto puede decirnos sobre nuestro desarrollo como pueblo una triste chimenea en representación de un complejo que cubría cuerdas e incluía ferrocarriles, talleres, almacenes, cines, oficinas de correo, hoteles, casas para el personal y hasta muelles privados e influenciaba la vida de Raimundo y to’ el mundo?

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