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Inicio de Pentecostés en San Sebastián

Consciente está el hermano Eliut de que la historia no es patrimonio privado de nadie en particular. La historia pertenece al pueblo que la escribe y no al historiador que la transcribe. Hay quienes pretenden «convertirla en una forma privilegiada de construcción de significados para las clases ilustradas. Algunos ejemplos de esta práctica, así como su abandono a favor del ahistoricismo», está personificada por otros llamados historiadores, tal vez con más nombre pero con mucho menos compromiso que Eliut. El campo en que se ahondan, su juez habrá de ser.

«No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. No conocer la historia de nuestros pueblos es olvidar los principios y valores sobre los que se fundaron los mismos, es negar el homenaje merecido a los forjadores de ideales, es enajenarse de la realidad histórica de un pueblo que lucha por afirmarse en el ambiente universal.»

Con el respeto correspondiente al sacrificio y arduo trabajo de Eliut comparto su trabajo. Que Dios nos siga bendiciendo.

Inicio de Pentecostés en San Sebastián

La predicación del evangelio pentecostal en Ponce no estaba sujeta al tiempo ni al espacio. Juan Lugo y sus colaboradores predicaban de día, de noche, en hogares y al aire libre. Cierto día de 1916, desde el Pepino se dirige al pueblo de Ponce para hacer negocios relacionados al café y comprar los comestibles Hacienda de Café para la familia Nerzon que vivía en el camino de Perchas II a San Sebastián cerca de la colindancia con Lares, en donde tenían una hacienda de café.

Mientras transcurre el día, Serafín se acerca a una reunión en donde varias personas escuchaban a unos jóvenes predicadores rodeados de de una muchedumbre de gentes. El impacto de la Palabra fue tan penetrante que aquel mismo día Serafín recibió a Jesucristo como su Salvador. Aprovechó la oportunidad para invitar a Juan Lugo y a Salomón Feliciano y los hermanos para que visitaran su hacienda de café y predicaran allí el evangelio. Según el testimonio que tenemos de nuestra fuente oral, el hermano Lugo y sus colaboradores recibieron de muy buena gana la invitación.

Llegó el día acordado en que Serafín, reunió a todos sus familiares cercanos y amigos esperando la reunión con gran expectativa. Tan pronto el hermano Juan L. Lugo llega con los hermanos se inicia el servicio, con una liturgia inusual pero impactante. El resultado fue que la familia de Serafín Nerzon, su hermano mayor Juan y varios amigos fueron tocados por la Palabra y reciben al Señor. Esto debió de ocurrir para la segunda mitad de 1916.

Dos años más tarde, 1918, uno de los colaboradores de Juan L. Lugo, el hermano Panchito Ortiz hijo, vendría desde Arecibo y comenzaría a levantar un grupo de hermanos en Lares con el fin de establecer una iglesia pentecostal.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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