Juan de Castellanos Elegía VI

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Juan de Castellanos

Autor de la obra épica en verso: «Elegía de varones ilustres de Indias», escrito en 1589 . .. soldado que luego de pasar a América toma estado religioso y se avecina ya canónigo, en Tunja, Nueva Granada. » . .. La obra de Castellanos (que con sus ciento cincuenta mil endecasílabos, agrupados en octavas reales, es curiosamente el poema más largo de la literatura hispánica) presenta grandes valores como documento historiográfico.

En este sentido, y respecto de la parte que en el mismo concierne a Puerto Rico, la «Elegía sexta», revela poseer su autor conocimientos firmes y detallados sobre el ambiente y los hechos que canta».

«En el canto primero de la «Elegía sexta» el poeta hace breve descripción de la isla de Borinquén .. . «.»El canto segundo trata de la rebelión de los indios boriquenses . . . convencidos ya de la mortalidad de los españoles tras la muerte de Salcedo».

«En los versos de la «Elegía sexta» desfilan los nombres de capitanes, soldados y pobladores pertenecientes a la primitiva historia de Puerto Rico, así como de los principales caciques de la isla. Alude también . .. a ríos, lugares y otras circunstancias y pormenores de la naturaleza del país».

Aunque su nacimiento ocurre en 1522 en el pueblo de Alanís o Alamis, provincia de Sevilla, hay una diferencia mínima relativa a su muerte en que aparecen las fechas de 1605 y 1607. Se dice además, que Juan de Castellanos fue monaguillo en el viejo San Germán de Añasco. Este egregio poeta no debe confundirse con el tesorero Juan de Castellanos, quien en el año de 1540 inició la construcción de una fortaleza que quedó inconclusa en el antiguo San Germán de la bahía de Añasco.

Elegia VI- Canto 11

«Donde se trata el gran rebelión de los indios borinqueños y cosas que pasaron durante la guerra».

«De pechos de pasión y dolor llenos
a veces la paciencia se desvía;
dos bandos que de paz están ajenos
uno suele tomar más osadía:
Viendo que su contrario tiene menos
del más que se pensaba que tenía,
su baja condición hace más alta
después que reconocen esta falta.

Sufriendo pues aquestos naturales
no pocas sinrazones insufribles,
callaban por hallarse desiguales
en armas aceradas y terribles;
Piensan que son los nuestros inmortales,
y que también serían invencibles;
Deseaban saber lo cierto desto
debajo de danado presupuesto.

Quería ya pasar onceno año
con el millar y medio que se saca,
cuando por remediar su grave daño
hicieron indios junta muy bellaca,
do tomo cargo deste desengaño
Urayoán, cacique de Yagüeca,
jurando no cesar con pies ni manos
hasta saber si mueren los cristianos.

Estando con intento tan acedo
a sus promesas esperando lance,
pasó por allí Diego de Salcedo
sin gente que le fuesen en alcance;
Urayoán se le mostraba ledo,
sin muestra ni señal del duro lance,
haciéndole cumplida cortesía,
y dióle para ir gran compañía.

Partióse con los indios advertidos
el que sin advertencia sale fuera,
mostráronsele todos comedidos
al tiempo de pasar una ribera;
El cual por no mojarse sus vestidos
sobre sus hombros va, que no debiera,
porque por el los fue precipitado
en lo más peli groso de deste vado.

Viéndolo vacilar en ese punto
de más de dos o tres que esto hicieron,
el golpe de los indios vino junto,
y una hora sumergido lo tuvieron,
hasta que conocieron ser difunto
y por hombre mortal lo conocieron,
aunque no lo tenían por tan cierto
que creyesen estar del todo muerto.

Y aún esperáronlo tercero día
por esperar al fin cuerpo ahogado,
hablándole con grande cortesía
pidiéndole perdón de lo pasado,
hasta tanto que el cuerpo mal olía;
Y cada cual quedó certificado
que no podía ser caso fingido
disimular un cuerpo corrompido.

Hecha desta manera larga prueba
de que los españoles son mortales,
Al vil Urayoán llegó la nueva
de parte de los indios desleales;
Al mal Agueibaná también se lleva
y a los caciques principales;
Convócanse los grandes de la tierra.
para hacer de veras esta guerra”.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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