La avispa brava
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La avispa brava

La avispa aquel día, desde la mañana, como de costumbre, bravísima andaba. El día era hermoso, la brisa liviana; cubierta la tierra, de flores estaba y mil pajaritos los aires cruzaban. Pero a nuestra avispa -nuestra avispa brava, -nada le atraía, no veía nada por ir como iba, comida de rabia.

«Adiós», le dijeron unas rosas blancas y ella ni siquiera se volvió a mirarlas por ir abstraída, torva, ensimismada, con la furia sorda que la devoraba.

«Buen día» le dijo, la abeja, su hermana y ella que de furia, casi reventaba, por toda respuesta, le echo una roncada que a la pobre abeja, dejo anonadada.

Ciega como iba, la avispa de rabia, repentinamente, como en una trampa, se encontró metida, dentro de una casa.

Echando mil pestes, al verse encerrada, en vez de ponerse, serena y con calma a buscar por donde, salir de la estancia, ¿sabes lo que hizo? ¡Se puso más brava!

Se puso en los vidrios, a dar cabezadas, al ver en su furia, que a corta distancia ventanas y puertas, abiertas estaban; y como en la ira, que la dominaba casi no veía, por donde volaba, en una embestida, que dio de la rabia cayó nuestra avispa, en un vaso de agua.

¡Un vaso pequeño, menor que una cuarta donde hasta un mosquito, nadando se salva! Pero nuestra avispa, nuestra avispa brava, más brava se puso, al verse mojada, y en vez de ocuparse, la muy insensata, de ganar la orilla, batiendo las alas se puso a echar pestes y a tirar picadas y a lanzar conjuros y a emitir mentadas.

Y así, poco a poco, fue quedando exhausta hasta que furiosa, pero emparamada, terminó la avispa por morir ahogada.

Tal como la avispa, que cuenta esta fábula, el mundo está lleno, de personas bravas, que infunden respeto, por su mala cara, que se hacen famosas, debido a sus rabias y al final se ahogan, en un vaso de agua.

NOTA: Siempre que nos es posible publicamos el nombre del Autor y un enlace al lugar del cual se obtuvo la información publicada. Dado el caso que mucha información nos es enviada sin esta información, pedimos que si es usted amigo lector el autor de uno de estos artículos nos lo haga saber para dar los créditos correspondientes.

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No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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Publicación autorizada por Lionel Valentín Calderón, artista, escritor y Siervo del Señor.