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La elección general de 1910

Así la situación, se efectúa el 6 de noviembre la elección general de 1910, bajo las mismas disposiciones de las dos anteriores. Están inscritos para votar 221,816 electores, de los cuales votan 163,568 (73.7%). El Partido Unión de Puerto Rico continúa su paso arrollador, copando nuevamente los 35 asientos camerales y triunfando en 51 de los 67 municipios. Muñoz Rivera es elegido comisionado residente y De Diego (que ocupa la presidencia cameral desde 1907 tras la renuncia de De Paula Acuña) continúa en el cargo. La Unión alcanza 100,634 votos, frente a 58,572 de los republicanos.

[Elección general de 1910:
Partido Unión de Puerto Rico: 100,634 votos.
Partido Republicano Puertorriqueño: 58,572.
Lopiztas de la Unión: 3,352.
Yaucano (Yauco): 3,108.
Republicano Puro (Bayamón): 920.
Obrero (Arecibo): 872.
Izquierda Unionista (Gurabo): 588.
Demócrata (Arecibo): 157.
Socialista (San Juan): 67].
Con excepción del Socialista de San Juan y el Obrero de Arecibo (que son productos de la anterior agrupación Federación Libre), las agrupaciones identificadas en cursivas son desprendimientos locales de uno u otro de los dos partidos principales. Yaucano, una coalición de Unionistas y Republicanos, elige al alcalde de Yauco. Los Lopiztas acumulan votos en cerca de 30 municipios, aunque votan por el candidato unionista a comisionado residente.
El status político de la Isla – atado al malestar por la vigencia de la ley Foraker – ocupa casi exclusivamente el discurso político entre ésta y la próxima elección general.

NOTA: Siempre que nos es posible publicamos el nombre del Autor y un enlace al lugar del cual se obtuvo la información publicada. Dado el caso que mucha información nos es enviada sin esta información, pedimos que si es usted amigo lector el autor de uno de estos artículos nos lo haga saber para dar los créditos correspondientes.

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No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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