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La elección general de 1920

Para la elección general de 1920 hay inscritas 268,643 personas, de las que votan 249,431 (92.8%, el por ciento mayor de votantes hasta ahora, consecuencia de la obligatoriedad del voto). El Partido Unión vuelve a triunfar, al acumular 126,446 votos, unos 3,500 más que los acumulados entre los otros dos partidos.

[Elección general de 1920:
Partido Unión de Puerto Rico: 126,446 votos.
Partido Republicano Puertorriqueño: 63,845.
Partido Socialista: 59,140.
El Ligao (Ponce): 7,024.
Vanguardia Muñoz Rivera (San Sebastián): 1,746.
Progresista (Camuy): 1,195.
Progresista (Hatillo): 758.
Progresista (Quebradillas): 614.
Estrella Roja (Carolina): 12.
Independentista Mayagüezano (Mayagüez): 9].

El Ligao, una coalición de socialistas y republicanos, elige su candidato a alcalde y sus asambleístas en Ponce, además de elegir los representantes a la Cámara por los dos precintos ponceños. Estrella Roja es una disidencia socialista de Carolina. El grupo Progresista es una disidencia unionista en los municipios señalados. Vanguardia Muñoz Rivera e Independentista Mayagüezano son también disidencias unionistas locales. El comisionado residente Córdova Dávila es reelegido. Los unionistas triunfan en seis de los siete distritos senatoriales (los republicanos en el de Ponce, eligiendo además un senador por acumulación: Barbosa). Iglesias es elegido senador por acumulación. Triunfan los unionistas en 26 distritos representativos (los republicanos en nueve y los socialistas en tres, y estos últimos eligen un representante por acumulación). Los unionistas controlan 49 municipios, los republicanos 16 y los socialistas ocho. Barceló continúa en la presidencia de Senado. La Cámara de Representantes pasa a ser presidida por Cayetano Coll y Cuchí, quien recibe el mallete presidencial de manos de Juan B. Huyke, speaker desde julio de 1918 tras la muerte de De Diego.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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