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La Funeraria Ríos

Fue fundada en el 1938 por el pepiniano, nacido en Pueblo Nuevo, Don José Ríos Mártir. Su primer local fue en la calle Hostos al lado de la desaparecida Farmacia Echeandía. Era una funeraria a la usanza antigua. En sus inicios fue una fábrica de ataúdes. La gente venía y compraba el ataúd y se lo llevaban para enterrar a sus muertos.

Luego de un tiempo su hermano, Francisco Paquito Ríos, adquirió la funeraria. Bajo la administración de Don Paquito la funeraria se localizó al lado del antiguo Parque de Bombas, en la cuesta de la calle Muñoz Rivera, a cuadra y media de la iglesia católica y detrás de la antigua iglesia pentecostal.

Don Paquito era descendiente de añasqueños y nació en la barriada Pueblo Nuevo. Como Don Guilo Vargas, también era espiritista y tenía un centro espiritista de su propiedad al final de la calle Severo Arana. Estaba muy vinculado con los pobres pero también le servía a la clase media y a unos pocos de la clase alta.

Para la década de 1950-60 la funeraria se encargaba de tramitar la defunción del fallecido, de preparar el cadáver y llevarlo a lugar donde lo iban a velar. La funeraria tenía su manera de colocar las velas a los lados, al fondo una cortina escarlata con una cruz y el ataúd puesto sobre un soporte plegadizo. Proveían sillas hasta el cumplimiento del novenario.

Fulgencio Batista Velado En La Funeraria Ríos

Un día mientras subía yo la cuesta de la calle Muñoz Rivera miro hacia adentro de la funeraria y observo que han expuesto un ataúd identificado con los restos del dictador Fulgencio Batista de Cuba. Era la primera semana de enero de 1959, fecha que coincidía con el derrocamiento del presidente de Cuba, Fulgencio Batista, por las fuerzas revolucionarias de Fidel Castro y sus amigos revolucionarios como el Ché Guevara, Camilo Cienfuegos y otros

Al indagar sobre este suceso me cuenta Rigoberto Ríos, hijo de Don Paquito y de 70 años de edad, que en cierta ocasión los simpatizantes de la revolución cubana, liderada por Fidel Castro, vinieron a la plaza de recreo del Pepino en busca de apoyo económico y Don Paquito fue uno de los contribuyentes. Después de más de 50 años me fue dada la respuesta de aquel velatorio ocurrido en el 1959.

Evolución De La Funeraria

Como toda funeraria antigua, la Funeraria Ríos fabricaba sus propios ataúdes y los vendía a los dolientes. La gente llegaba hasta la funeraria, compraba el ataúd para echar y enterrar sus muertos. En el pasado la iglesia católica tenía un ataúd para cargar hasta el cementerio a sus fieles muertos. En el momento del entierro, sacaban al muerto del ataúd, vendado de pie a cabeza, y lo echaban directamente a la tierra. De ahí sale la palabra enterrar.

La Funeraria Ríos logró subir la cuesta y establecerse en la calle Ruiz Belvis frente a la antigua Farmacia Santa Rita de William Quiles. Un poco después de 1965 la funeraria comienza a adquirir mejores ataúdes de madera y metal, a dar servicios de velatorio para lo cual construye una capilla. Esto es indicio de que los servicios funerarios iniciaban su trámite desde el momento de la defunción hasta el momento de los rezos novenales. En el 1978 la Funeraria Ríos se incorpora al Departamento de Estado del Estado Libre Asociado de Puerto Rico y funge como Presidente de dicha entidad el Sr. Rigoberto Ríos Moro.

Recientemente, esta funeraria fue adquirida por otra funeraria local, por Pepino Funeral Service. La Funeraria Ríos está en proceso de abrir al público al lado de su antiguo local en la calle Ruiz Belvis esquina Severo Arana bajo el nombre de Funeraria San Miguel Arcángel. Así esperan brindar su acostumbrado servicio según nos ha indicado su presidente, Don Rigoberto Ríos Moro.

Termino este acápite diciendo que mi padre, Cheo Pitre, tenía como clientes de su negocio a Don Paquito y su señora. Bastantes veces le llevé la compra a esta familia a su casa al segundo piso de la funeraria. A la misma vez Don Cheo tenía como clientes a Luis Macías de la Pepino Funeral Service y a Raúl Méndez de la Funeraria San Sebastián Memorial. Para cumplir con su relación de comerciante-cliente, Don Cheo lo hizo de esta manera. A su esposa la enterró Pepino Funeral Service, a su papá y su mamá los enterró con Funeraria Ríos y Don Cheo fue enterrado por la Funeraria San Sebastián.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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Historiador y escritor pepiniano residente en Trujillo Alto. Ha hecho estudios de maestría y doctorado en educación, historia y teología. Profesor universitario, maestro de escuela pública y conferenciante. Autor de la Etnia Cultural Pepiniana (2002) y otros libros y artículos. Se ha dedicado a la historia municipal del San Sebastián.
Historiador y escritor pepiniano residente en Trujillo Alto. Ha hecho estudios de maestría y doctorado en educación, historia y teología. Profesor universitario, maestro de escuela pública y conferenciante. Autor de la Etnia Cultural Pepiniana (2002) y otros libros y artículos. Se ha dedicado a la historia municipal del San Sebastián.

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