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La Funeraria Ruiz: Servía a los más pobre

En su Autobiografía inédita nos dice Mano Moisés Vargas que existía otra funeraria en El Pepino: la funeraria de Don Tito Ruiz. Es muy escasa la información sobre esta funeraria. De sus relatos podemos decir que para la década del 1940 los precios de los entierros variaban. Los entierros regulares fluctuaban entre $6.50 y $18.00 y los más elaborados estaban en la suma de $35.oo y $40.00. Tanto la agencia de Don Guilo como la agencia de Don Tito le servían a la clase más pobre.

Servicio de las antiguas Funerarias

La agencia funeraria entregaba el ataúd junto con un anda prestada que era una especie de tablero con dos varas paralelas sobre el cual se ponía y se cargaba el ataúd. En el anda se colocaban objetos religiosos como velas e imágenes y coronas de flores. Posteriormente, a los ataúdes se le colocaban unas agarraderas a los lados para cargarlo por lo que el anda quedó en desuso. El tiempo trajo un carrito con ruedas sobre el que se ponía y se rodada el ataúd con mucha facilidad.

Los familiares, después de haber lavado el cadáver y vestido lo echaban en el ataúd. El muerto era velado en el mismo hogar y esto les daba la oportunidad a familiares y amigos de expresar el pésame y ofrecer las condolencias. La gente más pobre, la gente de los barrios, construían ataúdes con madera de caña india, de bambú. Luego traían el cadáver para ser enterrado en el cementerio del pueblo.

Las coronas de flores naturales, unas eran compradas por los deudos y las otras coronas eran prestadas. Al concluir el entierro el anda y las coronas prestadas eran devueltas a la agencia funeraria por una persona a quien la familia del fenecido encargaba ese trabajo.

Todavía los servicios funerales del moderno tanatorio o capilla fúnebre no existían. La modernidad traería los nuevos servicios funerales.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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