La industria del Café se desplaza y se transforma

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En la década del 1830, debido a cambios en la estructura de los precios a nivel mundial, la exportación de café comenzó a quedar rezagada con respecto a la del azúcar, cuando hasta entonces ambas habían venido creciendo de forma parecida [Scarano, 1984, p.5]. Narra Córdova [1981, p.383] que para entonces hubo una gran baja en los pedidos, y fueron abandonadas las pequeñas haciendas y algunas de las mejor establecidas. El valor de las exportaciones de café en 1836 bajó a la mitad de lo que había sido en 1828 como resultado de esa reducción de precios y de cultivos [Bergad, 1983, p.16]. La producción cafetalera en 1827 fue de unos 130,000 quintales; bajó a 104,387 en 1832, y tuvo un recobro parcial en 1834 con 115,965 quintales en 1834 [Ormaechea, 1981, p.397]. –No hay concenso entre los historiadores sobre el desempeño de la industria cafetalera de esos años. Bergad [1983] y Picó [1986] dan versiones algo conflictivas sobre períodos de depresión y crecimiento entre c.1825 y c.1850.

En esa época, dados el alto costo y lo pésimo de la transportación y los precios relativos del azúcar y la caña, tanto los terrenos de mayor accesibilidad como la mano de obra esclava resultaban más rentables si se dedicaban a la producción de azúcar, a pesar de que esta requería una mayor inversión de capital. –Si no hubiera habido fuentes de financiamiento adecuadas el azúcar no hubiera desplazado al café de esas tierras. Esta realidad contradice la versión histórica tradicional de una peremne escasez de financiamiento para haciendas azucareras en el Puerto Rico de la época. Para algunos más que para otros ha de haber sido muy difícil obtenerlo. El azúcar no se ha de haber extendido más entonces debido a la escasez de tierras contiguas o unidas por caminos carreteros a fondeaderos, ya que éstos eran su única opción real de transportación. La relativa escasez de esclavos no ha de haber sido una causa sino un efecto de la escasez de haciendas azucareras en Puerto Rico, pues en Cuba, donde hubo ferrocarriles conectando puertos y haciendas desde 1837 [Oostindie, 1988, p.25] hubo esclavos en abundancia. La gran diferencia en el desarrollo azucarero entre Cuba y Puerto Rico ha de haberse debido a que la topografía de Cuba se presta mucho más que la de Puerto Rico al establecimiento de transportación ferroviaria económica.–.

Como resultado de ésto, las primeras haciendas de café, que se habían ubicado en la vecindad de los pueblos y bahías del litoral, se fueron transformado en haciendas azucareras. Las manchas de café en las fincas familiares vecinas fueron cediendo ante la siembra de pastos, plátanos y «frutos menores» para satisfacer la demanda de alimentos para los bueyes y los esclavos de la caña [Baralt, 1988a, p.20]. En las décadas de 1820 y 1830, mientras ocurría el despegue de la industria azucarera, el cultivo del café llegó a pueblos como Moca y Añasco y aun hasta Utuado [Cubano Iguina, 1981, p.81]. Sin embargo, en esas regiones se ha de haber concentrado en aquellas áreas cuyo costo de transportación hasta los pueblos costeros era menor por quedar adyacentes a grandes ríos (Culebrinas, Grande de Añasco y Grande de Arecibo) que o eran parcialmente navegabes o tenían caminos llevaderos en sus valles. –La antigua región cafetalera de Moca quedaba en las cercanías del Río Culebrinas. Cerca del pueblo llegó a haber un embarcadero [Ramón Vale, entrevista, 1990].– Así las cosas, la hacienda cafetalera esclavista pudo sobrevivir sólo en la medianía y los valles pluviales del oeste de la isla, aunque la producción de café collor a pequeña escala por agricultores criollos a base de mano de obra familiar mantuvo una base geográfica amplia.

A partir del 1832 estuvo vigente en Puerto Rico el Código de Comercio español del 1829, el cual estableció las obligaciones y derechos derivadas de los actos del comercio. Esto fortaleció el comercio y permitió el establecimiento de sociedades mercantiles [Cubano Iguina, 1981, p.84]. Este código eventualmente permitió que el comercio de Puerto Rico se desarrollara y se independizase del de San Tomás.

Fue durante esa época de crecimiento en la agricultura comercial del azúcar y el café y del comercio establecido alrededor de su exportación que se dió el desplazamiento masivo de criollos de esas actividades económicas hege-mónicas [Bergad, 1983, p.19]. Los inmigrantes con conexiones con el mercado europeo, fuente primaria del crédito tan necesario para desarrollar la agricultura y adquirir o producir los productos para la exportación y para viabilizar la importación de mercancías, desplazaron a los criollos, escasos de capital y crédito y faltos de relaciones comerciales en el exterior. Estos inmigrantes mantuvieron su lugar preponderante mediante su práctica de traer familiares y compatriotas como dependientes y mayordomos para luego dejarles sus hacien-das y negocios [Díaz Hernández, 1983, p.21].

Volumen de exportaciones de café, 1828 a 187017 [Fuente: Dietz, 1989, p.36.]

PeríodoQuintales exportados
1828-32125,176
1833-3797,802
1838-42 104,687
1843-47 101,188
1848-52 106,990
1853-57 116,381
1858-62 129,801
1866-70 186,723

A la vez que ocurrió esa transformación geográfica hubo una transformación estructural. En la mayor parte de la isla se abandonó las haciendas de café con el retiro del crédito de la actividad cafetalera para concentrarse en las haciendas azucareras. Esto hizo que el grueso de la producción quedara en manos de pequeños agricultores con fincas de subsistencia que producían café collor. Estos agricultores han de haber sido criollos, y sus haciendas han de haber funcionado con mano de obra familiar.

Con el desplazamiento hacia la medianía de la producción cafetalera y su demanda por mercaderías y provisiones y el surgimiento de casas comerciales (importadores-exportadores y comerciantes detallistas), la demanda por café para exportación fue generando y extendiendo geográficamente una infraestructura comercial de negocios pequeños que manejó la compra del café producido en fincas familiares en el interior [Picó, 1986, pp.78-79]. Los pequeños agricultores compraban con café o por refacción los alimentos y artículos indispensables en la pulpería más cercana, ya que su falta de recursos les impedía transportar su café hasta la ubicación del comerciante que mejor negocio le hiciera. –Posiblemente la tradición que aún persiste en la altura de visitar las fincas de pequeños agricultores para compar su café haya tenido origen en esa época tan falta de alternativas de transportación. El pulpero-beneficiador de café podía haber enviado sus mulas cada tarde hasta aquellos agricultores más cercanos desprovistos de bestias de carga a comprarles café uva para despulparlo esa misma noche, y haber enviado mulas semanalmente a agricultores más lejanos para comprarles su café collor. El costo de la transportación se descontaría del producto de la venta del café–.

El pulpero de la medianía ha de haber bajado el café adquirido de los pequeños agricultores utilizando los mismos trenes de mulas que subían las provisiones para su pulpería. Ese café le ha de haber servido al pulpero para pagar por las provisiones al comerciante capitalista del pueblo, quien a su vez las habría adquirido de igual forma de parte de los exportadores-importadores, ya que los exportadores de café eran a la vez importadores y mayoristas de mercaderías y provisiones. –Ver una discusión sobre las ventajas de esta combinación en Cubano Iguina [1989, p.130-132].

Entre c.1830 y c.1845, el café producía poca garantía y beneficio debido a que su precio en el mercado mundial se mantuvo bajo y fluctuante. Sin embargo, eso no alejó de su cultivo al pequeño agricultor. Este necesitaba un producto que pudiera convertir en efectivo; la caña requería unos recursos que no estaban a su alcance y, como en su finca tenía siembras de subsistencia y era poco el café que sembraba, los bajones de precio no lo afectaban tanto. Para 1844 la producción estimada de 170,000 quintales [Ormaechea, 1981, p.398], superó por mucho la de 1827.

Durante la primera mitad del siglo 19, las fértiles, abundantes y baratas tierras de la altura no se pudieron utilizar por la hacienda cafetalera debido a que el precio vigente en el mercado no podía cubrir el costo de producirlo allí, transportarlo hasta los puertos, recuperar la inversión en la cuantiosa mano de obra esclava que se hubiera requerido y además brindar buenas expectativas de ganancias.

Mientras que la medianía aledaña a los llanos azucareros del litoral producía víveres para los hacendados y sus dotaciones de esclavos, la montaña vecina se mantuvo hasta bien entrada la década del 1840 como una frontera subdesarrollada, un lugar de asentamiento para unas pocas familias refugiadas de las costas que vivían en fincas con cultivos de subsistencia y sembrando algún café que utilizaban como artículo de intercambio [Bergad, 1981, p.145].18

La Tabla 2 muestra que para 1877 Mayagüez se mantenía a la cabeza de la exportación cafetalera. Las únicas fincas que Ubeda [1978] clasificó entonces como «haciendas» estaban en Mayagüez y el vecino Maricao; Maricao y el también vecino municipio de Las Marías poseían el mayor número de «estancias», y Mayagüez tenía un mayor número de máquinas tahonas (índice del número de exportadores) que ningún puerto de la isla.

Distribución de haciendas de café en 1877

PuebloEstablecimientos caféComentarios
Adjuntas 76 estancias
Aguada 6 estancias
Añasco 50 estancias 6,000 qq./año
Arecibo 6 estancias
Barros (Orocovis) 10 estancias
Caguas 1 estancia
Camuy 1 estancia
Cayey 40 estancias
Ciales42 estancias con más de 10 cds.
Coamo 12 estancias
Guayanilla 49 estancias
Isabela 6 estancias
Juana Díaz 6 estancias
Las Marías150 estancias
Maricao 164 ests.; 70 hds.
Mayaguez 8 ests.; 11 hds. 4 (máquinas tahonas)
Moca 6 estancias
Peñuelas 38 estancias
Ponce4 estancias2 (m. tahonas); 33,703qq. exprt.1877
Quebradillas 6 estancias
Sabana Grande 18 estancias
San Germán 6 estancias
San Sebastián (no se informa) 8,000 qq./año
Utuado 40 estancias
Yauco 17 estancias
Fuente: Ubeda, 1878. Clave: qq. = quintal (100 lbs.); cds. = cuerdas; hds. = haciendas; ests. = estancias. A juzgar por los números, el término estancia parece referirse aquí tanto a estancias que producían café collor en glaciles en cantidades significativas como a haciendas pequeñas. Los comentarios implican que los criterios utilizados variaron de pueblo en pueblo. Las máquinas tahonas de Ponce y Mayagüez han de corresponder a igual número de elaboradores-exportadores urbanos (Tahonas).

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