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La Nueva Funeraria o Tanatorio

La casa del Don Guilo y Doña Carmen era un punto en donde convergían los pobres fuera para comprar un ataúd, para pedir dinero prestado, fuera para consultar a Don Guilo que era un médico espiritual, fuera para dormir o para comer.

Esta escena se repetía principalmente en el vecindario del Rabo del Buey. Nadie tenía necesidad en aquel sector. Los unos a los otros procuraban llenar las necesidades.

Ataúd Para Su Esposa

Don Guilo le fabricó, a su esposa Carmen, el ataúd en el que ella sería enterrada. Muerto Don Aguedo, la viuda se mudó a la Barriada Pepino al cuidado de su hijo Carlos y se llevó consigo el ataúd. Hablando de Don Carlos, este siguió el camino de la artesanía y ebanistería como Don Guilo. Todavía tengo memoria de la belleza y hermosura de ojos de las hijas de Carlos.

Nosotros nos mudamos para la barriada Pepino también, en el 1963. El que escribe era su vecino, quien aprendía y jugaba briscas con la anciana Carmen que por cierto era muy amable. En Tablastilla yo aprendía y jugaba briscas con la abuela de Zory Méndez Cruz. Jugar briscas era el entretenimiento preferido de la familia Vargas en el Rabo del Buey, en el Guayabal y ahora en la barriada Pepino y de otras tantas familias..

Un día, debió haber sido entre el 1964-65, Doña Carmen me reveló el secreto y me llevó al lugar donde tenía guardado el ataúd. Lo abrió para mostrármelo. Bueno, en ese momento me sentí cerca de la muerte. Observé que aquel ataúd fue hecho con mejores maderas, no era de madera de cajas de bacalao ni de cajas de ajo.

Doña Carmen finalmente expiró en el 1967 y fue sepultada en este mismo ataúd según nos cuenta su hijo Raúl. Los actos fúnebres de su entierro fueron celebrados en el templo Luz Divina.

NOTA: Siempre que nos es posible publicamos el nombre del Autor y un enlace al lugar del cual se obtuvo la información publicada. Dado el caso que mucha información nos es enviada sin esta información, pedimos que si es usted amigo lector el autor de uno de estos artículos nos lo haga saber para dar los créditos correspondientes.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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Historiador y escritor pepiniano residente en Trujillo Alto. Ha hecho estudios de maestría y doctorado en educación, historia y teología. Profesor universitario, maestro de escuela pública y conferenciante. Autor de la Etnia Cultural Pepiniana (2002) y otros libros y artículos. Se ha dedicado a la historia municipal del San Sebastián.