La vuelta de la Culebra

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Allá para el 1700 en Guayama existía la Hacienda de la Familia Rodríguez. Entre sus esclavos, estaban Mercé y Cayo que se adoraban. Y hacían preparativos de boda con permiso de su amo.

El amo compró una docena de esclavos. Entre ellos llegó una mulata joven, Faní hermosa y voluptuosa. Anchas caderas y estrechas cintura, despertaba pasiones tormentosas, Cayo sucumbió ante ella. Comenzó a desearla. La perseguía.

Mercé intentó retener a su Cayo. Creyó que lo perdía y visitó a una bruja. La bruja le preparó un trabajito con yerbas, aceites, hojas y líquidos. En esa mezcla remojó una piel de culebra. La bruja le aseguró a Mercé que Cayo jamás la abandonaría. Para la próxima luna llena, se casarían.

Pero la bruja era vieja y a veces confundía los nombres. Enterró los muñecos con los nombres de Faní y Cayo.

Faltaban un día. Llegó la última noche de la espera, entonces, ¡llegó la noticia! Cayo y Faní se habían casado esa misma tarde. Mercé, que había soñado tanto con su Cayo sintió su corazón destrozado, el dolor la estremeció.

Salió corriendo como loca hacía el bosque y al otro día los esclavos notaron, con asombro, un camino en la llanura igual a una culebra en movimiento.

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