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Las Procesiones Funerales Protestantes

Siguen el mismo patrón de la iglesia católica excepto que puede ir acompañado de música como fue el caso de la procesión funeral del entierro de mi madre. Las jóvenes portaban las coronas, le seguía a banda musical de instrumentos de viento y acordeón. Los hermanos de la iglesia iban cantando y alabando a Dios. Luego venía el ataúd cargado por algunos hermanos y continuaba la marcha fúnebre hasta el antiguo templo pentecostal al final de la calle Ruiz Belvis Este.

Ya en el templo se procedía a un culto regular, con la intervención de varios predicadores aunque uno de ellos daba el mensaje principal. En el mismo servicio se invitaba a la gente a que se entregaran a Cristo y en varias ocasiones vi a gente convertirse al Señor. Los entierros se convertían en reuniones para predicar el evangelio. Se animaba a los deudos que pasaran al frente para orar por ellos para que recibieran la consolación del Señor.

En el caso de los presbiterianos se utilizaba mucho más contenido ceremonial pero estaba presente la esperanza de la resurrección y el calor humano para los familiares del fallecido.

Con respecto a los adventistas, su ceremonial es de corte protestante y aunque su teología no les permite ubicar el alma de individuo sino en estado de disolución juntamente con el cuerpo, estaba presente la esperanza de la resurrección de los muertos. La música adventista es muy suave al oído y al alma de los dolientes.

En ocasiones el entierro ocurría en el cementerio nuevo y la procesión era de vehículos. Se cantaba y predicaba, el pastor ministro echaba la bendición a los presentes y los deudos agradecían la solidaridad. Luego se procedía disponer del cuerpo como antes lo explicamos. Algunas iglesias protestantes y evangélicas, siguiendo el modelo norteamericano, hacen un servicio memorial en donde se repasa y recuerda la vida del fallecido con el fin de animar a los hermanos y consolar a la familia.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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Historiador y escritor pepiniano residente en Trujillo Alto. Ha hecho estudios de maestría y doctorado en educación, historia y teología. Profesor universitario, maestro de escuela pública y conferenciante. Autor de la Etnia Cultural Pepiniana (2002) y otros libros y artículos. Se ha dedicado a la historia municipal del San Sebastián.
Historiador y escritor pepiniano residente en Trujillo Alto. Ha hecho estudios de maestría y doctorado en educación, historia y teología. Profesor universitario, maestro de escuela pública y conferenciante. Autor de la Etnia Cultural Pepiniana (2002) y otros libros y artículos. Se ha dedicado a la historia municipal del San Sebastián.

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