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Leyenda del Cielo, la Tierra y la LLuvia

En el pueblo de Cayey, hay dos montañas bien juntas una a la otra y les llaman las Tetas de Cayey. Según la leyenda existía en nuestra tierra una mujer que con su hermosura conquistó el corazón de Yukiyú, el Dios de todo lo creado para nuestros indígenas.
Decían nuestros indios que la mujer se acostaba desnuda en el suelo para que desde el Cielo su amante la contemplara y disfrutara de su exhuberante belleza. La Lluvia amaba a Yukiyú, pero nunca podía estar cerca de él por mucho tiempo, algo se lo impedía, así que en medio de la locura de sus celos, decidió ahogar a la mujer y comenzó a llover mucho, mucho pero mucho.
Mientras llovía Yukiyú tomó forma de niebla y con su poder transformó a la mujer en Tierra, para que no muriera ahogada. Castigó a la Lluvia y esta no podría, en el futuro, lastimar a la Tierra. Podría herirla, mojarla, pero nunca matarla. La Tierra siempre daría vida de nuevo. La Lluvia triste y resignada aceptó su castigo.
Es por ello que a la gente no le gusta mucho la Lluvia y es esta la razón del por qué las nubes son grises. Llora aún la lluvia por su amado.
Mas no concluye la historia de este modo. Se cuenta en la vecindad que cuando llueve mucho y en la noche se ve la niebla en las montañas, es el dios Yukiyú bebiendo del ser de su amada, intentando darle vida a su amada, a ella que le da la vida a todo.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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