Leyenda Las Ánimas en Pena
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Las Ánimas en Pena

Para la década de los años cuarenta un misterioso suceso estuvo ocurriendo en el sector donde se juntan las Quebradas Infierno y Grande, sitio conocido como el cruce de Dos Bocas del Municipio de Trujillo Alto. En este lugar no había puente y era muy frecuentado por los vecinos durante el día para hacer el cruce de agua hacia el pueblo y viceversa.

Sin embargo, en la noche casi nadie se atrevía a pasar porque existía el mito que allí había unas ánimas en pena que causaban unos extraños ruidos. De ser necesario el paso por allí los vecinos iban en grupo para protegerse entre ellos. Se escuchaba un rodar de cadenas, quejidos y el sonido como de un bulto dando contra las peñas de la quebrada.

En una noche, se dispuso a pasar por el cruce Don José, vecino y comerciante del barrio. Éste venía con su animal cargado de víveres para el negocio que tenía más arriba en el camino. El sector se encontraba en penumbras y apenas se veía el camino inmediato para poder caminar. Don José cargaba en su cinto un revolver para protegerse.

Tan pronto se acercó al lugar del cruce, comenzaron a escucharse los aterradores ruidos cada vez con más intensidad. Fue entonces cuando se detuvo, sacó su revolver y realizó dos disparos hacia la quebrada. Las balas rebotaron contra las peñas en medio de un chisporroteo de candela. De pronto se oyó una voz suplicante que decía: “No tire compay, soy yo”. El ánima en pena era el chusco del barrio que se dedicaba a jugarle bromas pesadas al vecindario. Desde ese día no se volvieron a sentir más cadenas ni ruidos extraños en el cruce de Dos Bocas.

NOTA: Siempre que nos es posible publicamos el nombre del Autor y un enlace al lugar del cual se obtuvo la información publicada. Dado el caso que mucha información nos es enviada sin esta información, pedimos que si es usted amigo lector el autor de uno de estos artículos nos lo haga saber para dar los créditos correspondientes.

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No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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Publicación autorizada por Lionel Valentín Calderón, artista, escritor y Siervo del Señor.