Carlos López Dzur
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Carlos López Dzur

Cuando López Dzur se describe como «caso único» se refiere a que hace lo que debe hacer, aún cuando una pensión de jubilado, la enfermedad y circunstancias del vivir, financiero y moral lo han acosado no hace mucho tiempo, frenándole y el golpe de la nostalgia por su tierra lo hizo volver a su país y a su llegada la economía es precaria. Dura para todos, Mas, me dijo, que es deber suyo que defienda el legado que quiere dejar a Puerto Rico, desde los tempranos Ochenta: una obra literaria que lo represente plenamente, Para dejar asentada su pertenencia caribeña e identidad de boricua porque, en Puerto Rico, todavía es difícil que se acepte públicamente un autor o persona virtual que escribe sobre Martin Heidegger, la India del Tantra, el misticismo hebraico, el Tikkun anti-sionista, Cuadernos de Amor a Haití, la frontera mexicana, o la problemática del chicano de Los Angeles o el mundo de los ‘tlacuilos’, entre otras cosas, decidió que su primer poemario en la jornada de publicaciones iniciada en 2013 fuese la Épica de San Sebastián del Pepino. A la Épica siguieron dos libros contratados con Palibrio Editores: uno es El Pueblo en sombras con 65 relatos, 376 páginas de textos que son, en cierto modo, una historia del folclor pepiniano, campesino y urbano y sus personajes pintorescos. Palibrio también publicó una obra de López Dzur, que se imaginaría impensable para los temarios locales: las comunidades sefarditas en la isla y el Caribe. Las juderías es una novela que documenta varias genealogías de familias, sefardíes y azkenasis procedentes de Cuba y que, por causa de la Revolución Cubana, harán su asentamiento final en Puerto Rico.

Localmente quienes sí han seguido la trayectoria de este autor saben que sus libros no son nuevos, representan etapas y periodos, con facetas de los últimos 40 años de su vida, momentos que incluyen los de sus estadías en México, India, Israel y distintos puntos de los EE.UU..

Por otra parte, si algo hay que a Carlos le parece «incómodo», mas no exótico, asombroso ni inesperado, es el nivel de desidia dialógica y opacidad cultural que hallara a su regreso a Puerto Rico en 2013. A menudo pregunta sobre el hecho. por si es una mala impresión suya que se produjo por su ausencia de cuatro decenios López me lee textos de quienes le escriben sobre la veracidad de la fantasmagoría colonial. Su preocupación sirvió al proceso documentativo y anímico que cuajó con una novela, escrita «en shock» y que acaba de publicarse, con el título Las hienas (enero, 2014). En buena parte, coincido con lo que el Dr, Joaquín Torres Feliciano le comentara sobre literatura en Puerto Rico hoy, Este fragmento me pareció gracioso, aunque preocupante pues apunta a la falta de crítica. A la indiferencia: «De lo mucho que se está escribiendo, nada se anda diciendo. La linea es fronteriza, clara, tajante, y amarga. No se quiere a nadie. El maravilloso mundo, indiferente in potentia. Lo peor, lo terrible. Nadie escribe como tú. Sé que lo sabes. Es importante que aunque lo sepas, te lo digas a ti mismo diariamente. Porque hay mucho contorno grotesco…caricaturas de la mierda; Ñoña celeste. La cólera santa vigila la Potencia Inchurbida» (JTF, sic.)

En el Pepino que Carlos tanto ama se abrió paso con la publicación que le hice con KoolTourActiva de su libro Épica de San Sebastián del Pepino y a su obra y su persona se les acogió con frialdad. La única reacción al libro la hizo no otro que Torres Feliciano mismo, desde Nueva York, Ninguna otra. No tenía que esperar más, Y bueno que se le advirtiera: «El Pepino es un pueblito hoy en la disociación y el abandono… Aun perviven allí personas nobles e inteligentes, viendo el comportamiento de unos contra otros orientados por y tolerando un terrible canibalismo como la ultima lógica de su ser. Otros pocos se plantean la maravilla de la belleza y la armonía a modo de un problema sobre como concebir la realidad desde una perspectiva caótica entre miserables, traidores cainistas y recopiladores de infamia entre bombos mutuos y falsos amiguismos. Andan en el desparpajo y la nega-ción, adulando las desvergüenzas del infame y homofóbico alcalde. Todos se han callado, siguiendo cómplices muy de cerca las leyes del Chiton» [JTF, 11 de agosto, 2013].

El panorama descrito del clima social y espiritual que en Puerto Rico prevalece no es muy diferente. Un ambiente «alterado y ruinoso, (donde) nacen personas y cosas adelantadas. Muchísimas otras en el retraso. Los primeros son capaces de crear para transformar lo burdo en armonía. Reproducen en acto y obra, parte de una querencia esencial. Pero como el clima melindroso de tanta rufianería no les presta y hasta los deja sin empleo, se quedan sin realizar la plenitud de su ser. Tal vez por no querer entender el impulso natural y saludable con que nos llega la energía combativa para rebelarnos y vivir a contratiempo. Sin la imposición restrictiva del cretinismo, pues ali es donde hay que subvertir el orden institucional de los verdaderos bandoleros!» [ibid.]

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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