Los comienzos del café en Puerto Rico

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El Puerto Rico de mediados del siglo 18 consistía de una capital amurallada con cierto comercio exterior y una guarnición militar pagada desde el extranjero y un resto de la isla cuya escasa población se concentraba en las costas y cuya principal actividad era la agricultura de supervivencia. En pequeña escala se criaba ganado, se producía madera y se sembraba tabaco para el comercio de contrabando. Unos pocos pequeños trapiches producían melao para dulce y licor. Ocasionalmente los puertos del litoral eran visitados por pequeñas naves que volteaban la isla, brindando la única transportación interna disponible.

Felipe Ramírez de Estenós, militar español que había residido y contraído matrimonio en Cuba, se había familiarizado allí con el cultivo y el potencial económico del café. Al estar ocupando en Puerto Rico el puesto de Capitán General, éste usó los poderes de su cargo para fomentar el establecimiento de una industria de exportación cafetalera que pudiera transformar la precaria economía de la isla. El 20 de junio de 1755, Ramírez informó haber repartido semillas de café a varios agricultores coameños para la realización de siembras experimentales [Rivera Bermúdez, 1975a, p.12; Negrón Ramos, 1965, parte 1, p.11]. Para 1757, éste fomentaba la demolición de los hatos para incentivar, por medio de la posesión de la tierra cultivada por parte del agricultor, la siembra de productos agrícolas destinados a la exportación, especialmente el café [Actas…, 1981, pp.231-232].

Las reales compañías inician su mercadeo y exportación

El desarrollo del café como producto de exportación coincidió con el establecimiento en 1758 de la Real Compañía Barcelonesa para el comercio entre Barcelona, Puerto Rico y otros puntos del Caribe. Esta compañía fue formada por comerciantes de Barcelona. Sus agentes en San Juan han de haber sido los primeros exportadores de café puertorriqueño, y sus agentes en los pueblos del litoral los primeros comerciantes cafetaleros.3 Posiblemente la preferencia por café puertorriqueño en Cataluña [Baralt, 1988a, p.81; Silvestrini y Luque de Sánchez, 1988, p.197] y la importancia de la presencia catalana y mallorquina durante toda la historia de la exportación del café de Puerto Rico haya tenido su origen en este hecho.

Para 1765 ya se informaba de ventas de café de contrabando, principalmente por Guayama y San Germán, por valor estimado de unos 700 pesos anuales [Gil-Bermejo, 1970, p.191]. Para esa fecha, el cultivo del cafeto se había extendido a las regiones sur, este y oeste de la isla. En esa época, el quintal (100 lbs.) de café valía 10 pesos, y sus mayores compradores eran contrabandistas daneses con sede en las islas de San Tomás y Santa Cruz [O’Reilly, 1981, p.258].

Reconociendo España el potencial económico del café, el cual estaba importando de países extanjeros, ofreció en 1768 a los caficultores de sus colonias caribeñas un período de gracia de cinco años en el pago de contribuciones [Coll y Toste, 1919, p.241]. En 1770 y atendiendo a la misma Real Cédula que estableció la gracia contributiva, el coronel Andrés Vizcarrondo envió a las Cortes un informe sobre la producción y el potencial cafetalero de las distintas regiones de la isla, acompañado por 22 cajas conteniendo muestras de café de esas regiones. Según su informe, Coamo, Guayama y Ponce produjeron unas 2/3 partes de los 7,280 quintales que totalizó la cosecha de ese año [Rivera Bermúdez, 1975a, pp.12-13].

Para esa fecha la Compañía del Asiento de Negros, entidad comercial oficial que había sustituído a la Barcelonesa con la misión de importar esclavos negros y exportar productos del país, hacía contratos con agricultores de distintas partes de la isla para comprarles la totalidad de su producción. Esta pagaba a los agricultores a razón de 7 pesos por quintal de café, puesto en el puerto más cercano [Gil Bermejo, 1970, pp.192-96]. Toda exportación se tenía que originar desde San Juan por decreto colonial, y la compañía poseía un almacén general en esa ciudad [Gil Bermejo, 1970, p.172]. Varios de los agricultores contratados eran esclavistas, lo cual concuerda con lo informado en la Historia de la esclavitud negra en Puerto Rico de Díaz Soler sobre un aumento en la necesidad de esclavos debido al desarrollo de la siembra del café en la segunda mitad del siglo 18 [González Mendoza, 1982, p.18].

Puede haber sido en esa década y por esa compañía que se comenzó a exportar legalmente nuestro café a otros destinos en Europa además de España. El otro producto importante de exportación en esa época era el tabaco.

En 1775 había en la isla solamente 5,581 fincas o estancias de todos los tamaños dedicadas a diversos cultivos, de las cuales sólo unas 87 se clasificaban como grandes; no se clasificó finca alguna como hacienda [Picó, 1986, p.155]. Para esa fecha la producción informada aumentó hasta 11,162 quintales de café, el cual se vendía en cáscara por no tener en esta isla molinos para limpiarlo [Abbad y Lasierra, 1979, p.161].4En 1778, se estableció por decreto real la propiedad privada de la tierra en Puerto Rico, la cual hasta entonces había sido propiedad de la Corona; junto con ese derecho se estableció un impuesto sobre la propiedad. Reconociendo el potencial económico del café, se comenzó a permitir la libre siembra del arbusto [Díaz Hernandez, 1983, p.79; Picó, 1986, p.155]. A pesar de esos incentivos y de que la posesión de tierras facilitaba la obtención de crédito a los agricultores, la producción de café de 1783 se mantenía oficialmente en unos 11,262 quintales [Ormaechea, 1981, p.395], casi igual que la de 1775, indicando que estas medidas no tuvieron un efecto inmediato. En esa fecha había 45,049 cuerdas sembradas en café, cifra superada solamente por el arroz y el algodón [Cadilla de Martínez, 1938, p.651].

Tras la disolución de la Compañía de Asiento de Negros, se formó en 1785 la Real Factoría. Esta empresa, creación del inmigrante irlandés residente en San Juan Jaime O’Daly, tenía como finalidad oficial fomentar la exportación de tabaco puertorriqueño a Holanda, pero también realizó exportaciones cafetaleras [Gil-Bermejo, 1970, p.169]. La Factoría contó con un barco propio para el comercio con Amsterdam y un almacén en San Juan que había pertenecido a la Compañía de Asiento de Negros, así como depósitos y agentes en los puertos del litoral de la isla.

La Real Factoría parece haber introducido maquinaria para pilar el café entre 1787 y 1788, fecha a la cual se informa de embarques de café «limpio» (pilado) [Gil-Bermejo, 1970, p.199]. Esto convertiría a esa entidad en el primer elaborador de café para exportación. Esta elaboración consistiría de pilar el café collor producido por los agricultores usando máquinas tahonas hechas en madera impulsadas por fuerza animal.Nuestros primeros exportadores cafetaleros, las compañías de Barcelona y de Asiento de Negros y la Real Factoría, han de haber contado con una estructura de tamaño relativamente mediano o grande junto al puerto de San Juan para almacenar el producto, un buen techo, glacil, batey o cielo raso para resecar café (o acceso a un lugar público parecido como una plaza o atrio de iglesia), uno o más botes costeros para traer a San Juan el café collor de los pueblos del litoral, un agente comprador y un depósito en cada uno de esos pueblos, contratos con los agricultores que les suplían el café, y un mecanismo para la venta de café, que podría ser un barco propio como lo tuvo la Real Factoría o un contacto comercial permanente como lo tendrían en España las compañías citadas.

Desde esa fecha ya había unos exportadores que eran a la vez importadores, diversificados en cuanto a los renglones que exportaban, que variaban las proporciones de los productos que fomentaban y compraban en la isla según las ganancias que recibían por las ventas y precios de cada uno, y que se aseguraban un abasto contratando de antemano con los agricultores la compra de su producto. Probablemente también comenzaron la práctica de adelantar dinero y mercancía (refaccionar) a los agricultores para fomentar la ampliación de las siembras, patrón que se extendió hasta entrado el presente siglo.

En la década de 1780, el café rebasó al tabaco como el principal produc-to de exportación de la isla [Picó, 1986, pp.160-61]. El cronista Ledrú informó que para 1797 se estaba sembrando café en todos los municipios que él había visitado, siendo la mayoría de los agricultores cafetaleros de la época campesinos pobres. Se decía entonces que la producción cafetalera de Puerto Rico era mayor que lo que podía absorber el mercado español [Gil-Bermejo, 1970, p.200].

Ese café boricua de fines del siglo 18 se vendía a un precio más alto que lo normal, pues era considerado como de calidad superior y preferido entre los cafés de América [Abbad y Lasierra, 1979, p.233]. En esa época, en la cual ya había comercio libre entre Puerto Rico y España y se permitía comerciar con países extranjeros, la mayor parte del comercio extranjero era con los comerciantes-capitalistas de San Tomás [Scarano, 1984, pp.24-25]. A fines del siglo 18 se exportaba café, tanto collor como pergamino, mayormente a España, Holanda, San Tomás y otras islas del Caribe.

Tras este período embrionario que probó la rentabilidad del cultivo de exportación en nuestra isla, el capital y la concentración de tierras trans-formaron la organización social de la isla. De haber sido una sociedad relativamente igualitaria basada mayoritariamente en una agricultura de subsistencia, ésta se convirtió en la siguiente centuria en una caracterizada por la estratificación y los conflictos de clases [Scarano, 1984, pp.4-5; Bergad, 1981, p.144].

NOTA: Publicación autorizada por Lionel Valentín Calderón, Administrador del Portal. Hasta donde nos es posible damos crédito a los autores de los artículos cuando se nos proveen. Si encuentras algún error no vaciles en publicar las correcciones como comentarios o puedes comunicarte con nosotros enviando las pruebas y evidencias de lo que afirmas y haremos las correcciones necesarias de inmedito.

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