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Frank H. Wadsworth- Las familias que recibieron permiso para usar parcelas de terreno dentro de los bosques del gobierno se denominaron parceleros. La fotografía muestra una casa de parcela en el Bosque de Toro Negro, construida con tablas anchas de tabonuco. También se construyeron cisternas de concreto para capturar el agua de lluvia de los techos. Los parceleros participaron como obreros en diversos programas de desarrollo forestal, incluyendo las plantaciones. Durante este tiempo pagaban por permisos para usar sus parcelas y recibían paga por el trabajo que realizaban para el gobierno.

Los parceleros recibieron permiso para usar hasta doce cuerdas de terreno para sus cultivos y pasto. Además de los cultivos sembraron árboles y desyerbaron los terrenos. Algunas de las mejores plantaciones de los bosques fueron las sembradas y cuidadas por los parceleros. Cuando encontraban mejores terrenos, los parceleros salían de los bosques del gobierno. Los que necesitaban casas recibieron permiso para llevarse las que se les habían construido y además se les permitió cosechar por dieciocho meses los terrenos que habían cultivado. El oficial forestal del Bosque de Toro Negro recibió un premio nacional por colocar 120 familias de parceleros en mejores terrenos fuera del bosque.

Casi toda la tierra adquirida para los bosques públicos estaba deforestada, por lo que se proyectaba una tarea gigantesca de reforestación. En el 1920 los servicios forestales establecieron viveros en varios pueblos de la isla para abastecer plantaciones forestales, como la del sector La Catalina de El Yunque. La selección incluyó especies nativas conocidas por la calidad de su madera, su crecimiento rápido o ambas. Entre éstas se encontraban el aceitillo, algarrobo, ausubo, capá blanco, capá prieto, cedro hembra cedro macho, guamá, guaraguao, jácana, maga, moca, maría, roble blanco y tabonuco. También se incluyeron especies exóticas de buena reputación, como el cadam, la caoba, el eucalipto, el majó y la teca. Cada especie de árbol tuvo sus propios requisitos y por falta de experiencia fue necesario probar de todo. Hubo problemas con insectos y enfermedades, pero a pesar de los contratiempos la producción de los viveros llegó a sobrepasar los siete millones de arbolitos por año. Los arboles de cadam produce maderan útil y crece muy rápido.

El establecimiento de las plantaciones exigía una cuidadosa coordinación. Era imperativo considerar el clima, evaluar la madurez de los arbolitos, cuidar sus raíces y transportar las herramientas necesarias para sembrar y desyerbar. En sitios como Pizá, en el Bosque de El Yunque, fue necesario romper el suelo de los pastizales y abrir coronas de tres pies de diámetro alrededor de cada árbol. A pesar de los muchos cuidados, fue necesario de replantar el cuarenta por ciento de los árboles. Las siembras fueron solamente el principio de la reforestación. Las coronas hechas alrededor los arbolitos tenían que mantenerse limpias hasta que el árbol crecía lo suficiente para sobrevivir por cuenta propia. La remoción de malezas en algunos sitios tuvo que realizarse cada seis meses durante seis años. Los bejucos tenían que cortarse a menudo. Cada intervención costaba más que la siembra inicial.

NOTA: Publicación autorizada por Lionel Valentín Calderón, Administrador del Portal. Hasta donde nos es posible damos crédito a los autores de los artículos cuando se nos proveen. Si encuentras algún error no vaciles en publicar las correcciones como comentarios o puedes comunicarte con nosotros enviando las pruebas y evidencias de lo que afirmas y haremos las correcciones necesarias de inmedito.

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