La Isla de los Sentimientos
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Los sentimientos

Érase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos: La alegría, la tristeza y muchos más, incluyendo el amor. Un día, se les fue avisando a los moradores, que la isla se iba a hundir. Todos los sentimientos se apresuraron a salir de la isla, se metieron en sus barcos y se preparaban a partir, pero el amor se quedó, porque se quería quedar un rato más con la isla que tanto amaba, antes de que se hundiese. Cuando por fin, estaba ya casi ahogado, el amor comenzó a pedir ayuda. En eso venía la riqueza y el amor dijo:

— Riqueza, llévame contigo!

— No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti.

Le pidió ayuda a la vanidad, que también venía pasando

— Vanidad, por favor ayúdame.

— No te puedo ayudar, amor, estás todo mojado y vas a arruinar mi barco nuevo.

Entonces, le pidió ayuda a la tristeza:

— Tristeza, ¿me dejas ir contigo?

— Ay amor, estoy tan triste que prefiero ir sola.

También pasó la alegría, pero ella estaba tan alegre que ni oyó al amor llamar.

Desesperado, el amor comenzó a llorar, ahí fue cuando una voz le llamó:

— Ven, amor, yo te llevo.

Era un viejito, y el amor estaba tan feliz que se le olvidó preguntarle su nombre.

Al llegar a tierra firme, le preguntó a la Sabiduría:

— Sabiduría, ¿quién era el viejito que me trajo aquí?

La sabiduría respondió:

— Era el tiempo.

— ¿El tiempo? Por qué sólo el tiempo me quiso traer?

La sabiduría respondió:

— Sólo el tiempo es capaz de ayudar y entender al amor.

NOTA: Siempre que nos es posible publicamos el nombre del Autor y un enlace al lugar del cual se obtuvo la información publicada. Dado el caso que mucha información nos es enviada sin esta información, pedimos que si es usted amigo lector el autor de uno de estos artículos nos lo haga saber para dar los créditos correspondientes.

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No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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Publicación autorizada por Lionel Valentín Calderón, artista, escritor y Siervo del Señor.