Margot Arce

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«No es patria un objeto material exclusivamente…; la patria es algo más que el pedazo de tierra en que se nace, y mucho más que las cosas visibles y tangibles que nos rodean desde el nacimiento. La patria es pasado, es decir, tradición, cultura patrimonial. La patria es presente, obrar en devenir, creación particular y colaboración de todos sus hijos…, cuidado amoroso de esa herencia recibida, enriquecimiento activo y constante de esa herencia con los esfuerzos del hoy. La patria es también y sobre todo futuro, aspiración a una mayor plenitud. A la patria, como a la madre, se le quiere inmaculada.» Margot Arce de Vázquez

Antonio Gil de La Madrid –Nació en Caguas en 1904 y falleció en Hato Rey, el 14 denoviembre de 1990, víctima del mal de Alzheimer. Se graduóen la Universidad de Puerto Rico y obtuvo su doctorado en Filosofíay Letras en la de Madrid. De regreso a la isla, ejerció su labordocente en su Alma mater y dirigió el Departamento de EstudiosHispánicos (1943-1965) de dicha institución.

Desde 1955 figura entre los miembros fundadores de la Academia Puertorriqueñade la Lengua Española y, en 1970, al acogerse a la jubilaciónse la honró con el grado de Profesora Emeritus.

Al margen de su labor docente y administrativa, realizó una fecundalabor ensayística en diversas publicaciones especializada y en laprensa periódica. Fue editora de las obras de Palés Matosy coautora de antologías sobre prosa y poesía puertorriqueñas.Se destacó en la crítica literaria y publicó su tesisdoctoral sobre Garcilaso de la Vega, además de Impresiones. NotasPuertorriqueñas (1950), Gabriela Mistral, persona y poesía(1958), que fueron premiados por el Instituto de Literatura Puertorriqueña.

A lo largo de su dilatada y fecunda existencia dejó un brillante legado intelectual que contribuyó a mejorar el conocimiento sobre la literatura española e hispanoamericana clásica y contemporánea, al tiempo que configuró la nueva perspectiva de estudio y el canon moderno de las Letras puertorriqueñas.

En efecto, tras mostrar su buenas dotes para los estudios filológicos en la Universidad de Puerto Rico, en 1928 cruzó el Atlántico y se estableció en la capital de España, en cuya Universidad consiguió doctorarse merced al magisterio de los más destacados filólogos de su tiempo (como Tomás Navarro Tomás y Américo Castro). Al amparo de estos estudiosos de las Letras hispánicas, la joven Margot Arce realizó una extensa tesis doctoral sobre Garcilaso de la Vega, obra que vio la luz en el Anejo XIII de la Revista de Filología Española (del Centro de Estudios Históricos de Madrid), bajo el título de Garcilaso de la Vega: contribución al estudio de la lírica española del siglo XVI (Madrid: Hernando, 1930). Esta obra se convirtió inmediatamente en un texto de obligada referencia para cualquier investigador de la literatura española del Renacimiento, y Margot Arce de Vázquez pasó a ser considerada como una de las grandes especialistas en las Letras áureas.

Sin embargo, este reconocimiento no le impidió prestar atención a la producción literaria de su tiempo, a la que aportó un monumental trabajo sobre la vida y obra de la poetisa chilena Gabriela Mistral, autora con la que había mantenido una relación directa durante la estancia de ambas en Madrid. Se trata del volumen titulado Gabriela Mistral: persona y poesía (San Juan de Puerto Rico: Asomante, 1958), obra que vino a enriquecer la particular bibliografía de Margot Arce de Vázquez, en la que había brillado también, ocho años antes, el libro titulado Impresiones: notas puertorriqueñas (San Juan de Puerto Rico: Yaurel, 1950). En esta recopilación de ensayos independientes, la autora ofrecía su particular análisis del estado actual de las Letras puertorriqueñas, por medio del estudio de las obras de algunos escritores tan relevantes como Tomás Blanco, Luis Lloréns Torres, Luis Palés Matos y José de Diego, al que después dedicó todo un volumen independiente, publicado bajo el título de La obra literaria de José de Diego (San Juan de Puerto Rico: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1967).

A través de ensayos tan lúcidos y esclarecedores como los recogidos en estos libros, Margot Arce de Vázquez, desde su cargo al frente del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, se consolidó como una de las figuras más relevantes de la intelectualidad antillana de su época. Cabeza visible de una escuela que, desde la vigorosa defensa de una esencia nacionalista puertorriqueña, llevó la crítica estilística a su máxima expresión, supo separar de forma convincente su deuda de gratitud a la cultura española y, por otra parte, sus firmes ideas anticolonialistas, que la convirtieron en una de las figuras femeninas más respetadas del panorama cultural de la isla, junto a Concha Meléndez y Nilita Vientós Gastón. Ya en su etapa española había tenido ocasión de airear su ideología política, que, desde la tradición católica liberal a la que pertenecía por su nacimiento, le permitió mostrarse firmemente partidaria de la II República y, posteriormente, contraria al alzamiento fascista.

Desde su papel relevante al frente de los estudios literarios puertorriqueños de mediados del siglo XX (junto con su compañero de generación Antonio S. Pedreira), Margot Arce de Vázquez contribuyó de forma decisiva a consolidarlos como disciplina académica de rango superior; asimismo, fue responsable de la formación de varias generaciones de jóvenes filólogos que, antes o después, acusaron la clara influencia de las ideas y los métodos de la estudiosa puertorriqueña; y, en general, dotó al corpus literario de su nación de un brillante, ameno y riguroso aparato crítico que lo situó en el lugar preeminente que le corresponde entre las Letras hispanoamericanas.

En 1996, en un acto celebrado en el Club Rotario de Río Piedras,la Asociación de Graduadas de la Universidad de Puerto Rico dedicóla edición del cincuentenario de la revista Asomante a laDra. Margot Arce; distinción que compartió «inmemoriam» conlas Lcdas. Nilita Vientós y Palmira Cabrera de Ibarra. Todas ellasexdirectoras de tan prestigiosa publicación.

En 1999, la Universidad Central de Bayamón honró la memoriade tan insigne educadora al dar su nombre a la biblioteca de dicha institución.

En resumen, fue una escritora de gran sensibilidad y de fino discernimientocrítico que escaló el privilegio de ser una de las plumasmás apreciadas y cultivadas del país.

Margot Arce
De izquierda a derecha Vicente Geigel Polanco, Nilita Vientós Gastón, Juan Bosh, Luis Palés Matos, Tomás Blanco, Margot Arce de Vázquez y Ramón Lavandero

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