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Nombre de la Aldea

“Pepino” fue el nombre dado a la Aldea por sus fundadores. Acogiéndonos a una antigua documentación que hemos examinado, podemos decir que el predicho nombre se debe a la circunstancia de que dentro del antiguo Partido del Pepino había un lugar llamado “Pepinito”, en parte del cual, y desde su fundación, radican los ejidos de la población actual. Ubicada en otra parte de “Pepinito” hubo una estancia que perteneció a Don Baltasar de Torres y que éste vendió a Don José Feliciano González, primer cura Rector del poblado. Es este el único dato que ha llegado a nuestras manos en relación con el primitivo nombre de la Aldea.

La Iglesia de la Aldea

¡Con cuanto afán hemos removido centenares de expedientes en busca de informes relacionados con la primitiva iglesia de la Aldea!

¡Con cuánto entusiasmo se entregó nuesuo espíritu en busca del pergamino que contara algo, que algo nos dijera del primer oratorio que construyó la fe de nuestros abuelos!

Vano fue nuestro empeño; los viejos infolios nada nos decían. Nuestro anhelo, decepcionado pero persistente y tenaz, abandonó la ardua brega de leer en la pálida faz de documentaciones mudas y su inquisitiva y se acogió entonces a la leyenda de donde los pueblos cantan sus efemérides y sobre la que pasan los siglos sin apagar sus caracteres “La Tradición”.

La uadición nos cuenta, en ese estilo llano en que se expresa el alma de las muchedumbres, Algo de aquel, Algo que fue constante preocupación de nuestro espíritu. Ancianos cuya existencia pasa de noventa y cinco años, nos dicen (relata réfero) que siendo muy niños, oían decir a sus “mayores” que el pueblo era muy chiquito, que tenía de seis a siete casas de madera, muchos bohíos de yagüas, que las calles no eran derechas y que cuando llovía se convertían en pantanos, que no había plaza ni carnicería, que la carne la vendían en cualquier sitio, que los bohíos estaban entre cocales y palmas de yagüas y árboles frutales, que las casas de los mayores del pueblo eran de madera, que había mucha maleza de jazmín silvestre, que es la parte en donde están ahora las casas de Don Luis Cancio, la del Rey y la de la viuda de don Lorenzo Orfila, había un cerro1 : que la iglesia era un ranchón largo, cercado de tablas brutas con cobija de tejamanil primeramente y después de teja vana de barro, que no tenía atrio, que había una campana y que los “alrededores” eran un pastizal y que había vereditas para entrar a la iglesia.”

A falta de información en contrario, nos atenemos al relato anterior para mantener nuestra creencia de que la iglesia descrita por antiguos vecinos del pueblo es la misma que de manera muy sintética nos habla Fray Iñigo Abad y Lasierra, en su Historia de Puerro Rico, publicada en el año 1788.
El historiador invocado, al hacer la descripción topográfica de los pueblos, comprendidos en la parte Norte del antiguo partido de San Germán, refiriéndose a PEPINO dice: “Legua y media2 más arriba (del pueblo de Moca) hacia el nacimiento del río Culebrinas, está el pueblo del Pepino, en la ladera de la montaña que deja una media llanura en donde está la Iglesia. Que es muy pobre y casi arruinada, con diecisiete casas en su circunferencia.”

El año 1788, época en que fue publicada en Madrid la obra citada, la iglesia tenía veintinueve años de edificada, y no obstante sus pocos años de construida, era una Iglesia muy pobre y casi arruinada.

Ello, pues, nos induce a sostener que la leyenda popular en cuyas fuentes hemos tomado los datos que nos han servido para escribir este capítulo, es una leyenda verídica, y, digna, por tanto, de roda credibilidad.
El oratorio fundado por la fe de nuestros amados ascendientes fue puesto la Advocación del Glorioso Mártir San Sebastián.

El primer Párroco

De documentos que obran en nuestro Archivo Parroquial, los cuales insertamos en este capítulo, sabemos que en el año 1763 se hizo cargo del Curato del Partido del Pepino el Cura Rector don José Feliciano González, quien organizó de manera formal los registros de nacimientos, matrimonios, confirmaciones y defunciones de la feligresía. He aquí los documentos: “Por cuanto Yo: Don José Feliciano González, Cura Rector por el Real Patronato de esta Santa Iglesia Parroquial del Pueblo de San Sebastián de las Vegas del Pepino, he tenido a bien el formar este Libro para poder llenar el Gobierno de esta Parroquia a mi cargo, en la Inteligencia que lo que a mi llegada hallé que eran unos apuntes de las partidas que se habían borrado sin poderlos comprender y seguir a continuación en lo adelante en las visitas pastorales de los Señores Itmos, de los que fueron testigos el Capitán Don José Rodríguez, el Capitán Don Juan Pérez de la C ruz y el ayudante mayor Don Joaquín de Salas de que doy fe.

Por mi (firmado) José Feliciano González

ACTA DE BAUTISMO

En el pueblo del Pepino a los dieciocho días del mes de septiembre de mil septos. sesenta y tres años. Yo: Don Joseph. Feliciano González Cura Rector por el Real Patronato de esta Santa Iglesia Parroquial Baptisé solamente una niña que tenía quince días de nacida a la que puse por nombre María hija de Feliciano Pérez de la Cruz y de Bárbara de Vargas, fueron sus padrinos Don Pedro del Río, Da. Andrea Ortiz de la Renta, a los que advertí el Parentesco espiritual y demás obligaciones, siendo testigos el Ayudante Mayor de Don Joaquín de Salas y Don Pedro González.

De que doy fe. José Feliciano González

ACTA DE MATRIMONIO

En el pueblo del Glorioso Mártir San Sebastián de las Vegas del Pepino, a los seis días del mes de diciembre del año de mil septos. sesenta y tres. Yo, Don José Feliciano González Cura Rector por el Real Patronato de esta Santa Iglesia Parroquial, Casé a Belén Infacie Eclecie a Antonio del Río hijo legítimo del Teniente a Guerra Reformado, Don Gabriel del Río y de Doña Catalina Montalvo, difuntos y a Da. María Magdalena Ortiz y Andrés Méndez Liciaga 17 de la Renta, hija legítima de don Diego Ortiz de la Renta y de Doña Flora Pacheco, y habiéndolos proclamado en los tres días festivos Inter Misarum Solemnia según dispone el Concilio de Tremo y no habiendo resultado impedimento alguno, fueron testigos que asistieron al casamiento, el ayudante de caballería Don Silvestre López y Doña Rosa del Río. De que doy fe. José Feliciano González

NOTA ACLARATORIA PUESTA EN EL LIBRO PRIMERO DE CONFIRMACIONES

En el Pueblo de San Sebastián de las Vegas del Pepino, a los Veinte días del mes de marzo Septos. setenta y cuatro años. Yo: Don. José Feliciano González, Cura Rector por Real Patronato de esta Santa Iglesia Parroquial habiendo pasado la visita de este libro de confirmaciones por el Santísimo Señor Obispo Fray Manuel Jiménez Pérez de este Obispo y echando menos la diligencia que corresponde en éste como patentizan los demás Libros Parroquiales, discurriendo habrá sido olvidado Natural mande poner esta Diligencia para que conste en el tiempo venidero, de lo que siendo testigos el Capitán Don Juan Pérez de la Cruz, Vicente de Torres, Baltasar de Torres, Don José de Soto, Don Marcial Rodríguez y Don Joaquín de Salas lo pongo por diligencia de que doy fe. Por mí: José Feliciano González

ACTA DE DEFUNCIÓN

En el Pueblo de San Sebastián de las Vegas del Pepino a los dieciséis días del mes de abril de mil Septos. sesenta y cuatro años, Yo: Don José Feliciano González Cura Rector por el Real Patronato de esta Santa Iglesia Parroquial, di sepultura Ecla. al cuerpo difunto de Matías, natural de la Abana a quien nunca le supo su apellido ni hijo de quien era, no testó por no tener de qué ni se le administró los Santos Sacramentos por haber muerto súbitamente. Se hizo entierro doble con posas, de que doy fe. José Feliciano González

COMO VIVIAN LOS NATURALES DEL PAIS

A fines del año 1765 A este respecto veamos lo que dice el Conde Don Alejandro O’Reilly en una memoria que escribiera de orden de S. M. Del Rey de España.

Para que se conozca mejor como han vivido y viven hasta ahora estos naturales conviene saber que en toda la isla no hay más que dos escuelas de niños, que fuera de Puerto Rico y la Villa de San Germán pocos saber leer, que cuentan por épocas los gobiernos huracanes, visitas de Obispos, arribo de Flotas o situados; no entienden lo que son leguas, cada uno cuenta la jornada a proporción de su andar, los hombres más visibles de la isla comprendidos los de Puerto Rico, cuando están en el campo andan descalzos de pie y pierna, los blancos ninguna repugnancia hallan en estar mezclados con los pardos.

Todos los pueblos a excepción de Puerto Rico no tienen más vivienda de contínuo que el Cura, los demás existen en el campo; los domingos, los inmediatos a la Iglesia, acuden a misa y los tres días de Pascuas en que concurren todos los feligreses generalmente. Para aquellos días tienen unas casas que parecen palomares, fabricadas sobre pilares de madera con vigas y tablas; estas casas se reducen a un par de cuartos, están de día y de noche abiertas, no habiendo en las mismas puertas ni ventanas con qué cerrarlas; son tan pocos sus muebles que en un instante se mudan; las casas que están en los campos son de la misma construcción y en poco se aventajas unas con otras. Los sujetos distinguidos de la Isla, son pocos, la única diferencia entre los otros está en tener alguna cosilla más de caudal o su graduación de oficial de milicias.

Año de 1765. Este año tenía Pepino

168 caballo y yeguas
8 Mulas
3 burros
465 vacas y novillos
120 carneros
10 cabras
603 cerdos

168 caballo y yeguas
8 Mulas
3 burros
465 vacas y novillos
120 carneros
10 cabras
603 cerdos

Año de 1776. Este año las riquezas del Partido del Pepino era:

150 Haciendas
2 Hatos
103 Cuerdas de caña
70 Cuerdas de plátanos
9,632 Palos Cle café
7,489 Palos de algodón
923 Cabezas de ganado
vacuno
19 Cabezas de mular
283 Cabezas de caballar
695 menor

Producción en años regulares

97 Arrobas de café
9 Arrobas de algodón
750 Arrobas de arroz
936 Arrobas de maíz
40 Arrobas de tabaco
300 Botijas de melado
209 Cabezas de ganado vacuno
116 Cabezas de ganado caballar
18 Cabezas de ganado mular
400 Cabezas menor

En este año la población de Pepino era de 1,053 habitantes

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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Maestro, orador, político, periodista, funcionario, legislador, carcelero. En su pueblo -San Sebastián- tierra de sol y ensueños formó el niño su corazón de bondad al rescoldo de un austero hogar criollo. Su padre, un recio tronco de la selva secular, viejo de barbas floridas, a quien el tiempo no pudiéndole vencer de un solo golpe fue derrumbándole como a las fo rra.lezas legendarias con la cruel lentitud de una furia, le indicó la línea del horizonte, hacia donde se oían lejanos clarines.
Maestro, orador, político, periodista, funcionario, legislador, carcelero. En su pueblo -San Sebastián- tierra de sol y ensueños formó el niño su corazón de bondad al rescoldo de un austero hogar criollo. Su padre, un recio tronco de la selva secular, viejo de barbas floridas, a quien el tiempo no pudiéndole vencer de un solo golpe fue derrumbándole como a las fo rra.lezas legendarias con la cruel lentitud de una furia, le indicó la línea del horizonte, hacia donde se oían lejanos clarines.

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