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Pedir la Bendición

Pedir la Bendición

Dentro de las Tradiciones Familiares “propias”, y quizás hasta no hace muchas décadas, bastante universales dentro de la cultura cristiana, quiero destacar una que, lamentablemente, la familia ha ido abandonando, se trata de Pedir la Bendición.

En la familia, la bendición se pide -o pedía-, principalmente a los mayores y personas de respeto: padres -al levantarse y al acostarse, al salir y al llegar a la casa, al partir o al regresar de un viaje…-…, abuelos, tíos, padrinos…, al sacerdote o autoridad eclesiástica.

Consiste en “solicitar” -bendígame écheme la bendición-, a lo que se contestaba con un ruego a Dios -que Dios te bendiga hijo. La Bendición se pedía por la felicidad, el cuidado, la protección de alguien -hijo, nieto, sobrino, ahijado…-, o de algo -una acción, un viaje, un proyecto. Se solicita, por ejemplo, la bendición de los padres para llevar un buen noviazgo y luego para el matrimonio…, o cuando se va a tomar un trabajo o negocio… También se bendice la mesa, sobre todo en ocasiones solemnes como Navidad o Pascua.

Para determinadas familias pedir y dar la bendición simbolizaba sólidos nexos…, el no pedirla, o el no darla era como una decisión dentro de una situación de conflicto, era alarma de posible ruptura, si no de un triste hecho consumado.
Bíblicamente La bendición se utiliza para glorificar, como cuando en La Visitación, el Arcángel a Santa María -Lc 1:42-, o también Simeón para con la Sagrada Familia -Lc 2:34-…, o cuando decimos en el día a día:-“bendito sea Dios”.

Esta piadosa Tradición tiene hondas raíces bíblicas como encontramos en estos otros ejemplos: Yahveh bendice a Abram -Gn 12:2-, y más tarde a Abraham -Gn 22:17-…; Rebeca obtiene la bendición de Isaac para su hijo Jacob -Gn 27:27-; en los Salmos -20; 103; 144-; Moisés -Dt 28:3; Nm 6:24 y 27-; Isaías -19:24-25-; San Pablo -Rm12:14-…; Jesús es fuente de bendiciones: con los niños -Mc 10:16-, en la multiplicación de los panes -Mt 14:19-, instituyendo la Eucaristía -Mt 26:26-, con los discípulos de Emaús -Mt 24:30-, en la Ascensión -Lc 24:50-…; etc., etc.

¿Por qué se ha ido perdiendo este cálido acto familiar, filial y fraterno, que implica una significativa interacción con ese “alguien” que es Dios, al cual podemos invocar y hacer sujeto de nuestra amorosa confianza? ¿Quizás por desconocimiento, negligencia, falsa modernidad, o porque la descalificación de conceptos como respeto, reverencia, comunicación trascendente, han hecho mella?

Ciertamente el mundo ha venido enfrentándose a la familia y a la Iglesia a lo largo de mucho tiempo. Muchas tradiciones de la familia cristiana, se fueron siguiendo sólo por costumbre, vaciándolas poco a poco de su significado o contenido, y luego, la contemporaneidad las fue borrando poco a poco. En fin, que la piedad y responsabilidad familiar se ha descuidado, y dejado a la parroquia, a la escuela, y como estos hoy en día se limitan a lo mínimo, pues gana la calle y la televisión y las redes sociales.

“La bendición” es un acto de humildad -porque se pide-, y de generosidad -porque se da por alguien en nombre del Creador: -Que Dios te bendiga.

Una tradición importante que deberían recuperar los padres, sobre todo, quienes aún tienen hijos pequeños que acogen con tanto entusiasmo estas cosas, aunque con los mayores, nunca es tarde.

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