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Pedro Tomás García de Quevedo

AÑASCO 1865-1936: Nació el 1 de diciembre. Uno de los 9 hijos de Ma- nuel Aquilino García de Quevedo Droín e Isabel López López. Pedro casó a los 24 años, el 14 de julio de 1889 con Ulpiana del Río Aragonés, de 17 años. Al  graduarse de farmacia, estableció la botica y el recetario. Tuvo mucha clientela, más por sus dotes de doctor. Sus pacientes pagaban según sus recursos  amén de compensarlo con algún animalito o fruto.

     Fuese interino o no, ya en el ocaso del gobierno español ocupó el puesto de alcalde.

     Según el censo de 1910, vivía con su esposa y 9 hijos en el barrio Carreras. En 1917 se mudó al pueblo, cuando su hijo Peyé, abrió su farmacia en la calle Principal. Fue político autonomista pro gobierno propio. En 1900, en Añasco, fue miembro de la Junta del partido Federal, que luego se trocó en el partido Unión de Puerto Rico y que presidió José Adolfo Pesante Bracety. En ese mismo año de 1900 ocupó el puesto de Juez Municipal.

     Cuando la conspiración para asesinar al alcalde José Adolfo Pesante, concluida con los arrestos en julio de 1905, Pedro Tomás siguió los procesos judiciales. El 12 junio de 1908, fue el único añasqueño presente en el ahorcamiento del asesino, en  la cárcel La Princesa del viejo San Juan.

    En honor a su obra de bien en el servicio  público, en lo cultural, en la farmacopea y la labor médica, diagnosticando y recetando, le dieron su nombre al parquecito Los Almendros en la calle San Antonio al costado de la Escuela Hostos hasta donde estuvo el Parque de Bombas.  

NOTA: Siempre que nos es posible publicamos el nombre del Autor y un enlace al lugar del cual se obtuvo la información publicada. Dado el caso que mucha información nos es enviada sin esta información, pedimos que si es usted amigo lector el autor de uno de estos artículos nos lo haga saber para dar los créditos correspondientes.

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No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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Publicación autorizada por Lionel Valentín Calderón, artista, escritor y Siervo del Señor.