Primeras haciendas azucareras

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El cultivo de la caña de azúcar en Puerto Rico comenzó antes del 1523. En su primer repunte, la industria puertorriqueña del azúcar tuvo dos períodos de apogeo y exportación significativa: primero en 1540-60, y luego desde cerca del 1600 hasta el 1610.

El núcleo exportador de azúcar de la isla estuvo situado desde el siglo XVI al XVIII en la franja de llanos costeros que alcanzaba desde Toa Baja hasta Loíza. La complementaban zonas auxiliares, una productora de alimentos de consumo, situada en la periferia de los pocos centros urbanos, y otra ganadera localizada en la misma zona de las haciendas, causando conflictos entre sus respectivos beneficiarios.

Las propiedades agrícolas puertorriqueñas del siglo XVI se podrían clasificar principalmente como estancias o haciendas, aunque hay documentación de la época que usa estos vocablos indistintamente. Las estancias eran propiamente parcelas de tierra no muy grandes dedicadas mayormente a la siembra de alimentos y a la cría de aves. Se nutrían del trabajo del núcleo familiar, a veces complementado por esclavos. Las haciendas eran de mayor tamaño, y se dedicaban principalmente a elaborar productos de exportación, como azúcar y tabaco. Su mano de obra era esencialmente esclava.

Desde el siglo XVI hasta el XIX, la unidad básica de producción azucarera era la hacienda. En la documentación de la época ésta era llamada frecuentemente ingenio o trapiche, porque era la presencia de maquinaria lo que más la diferenciaba de las fincas dedicadas a otros cultivos comerciales, como el jengibre o la malagueta. La hacienda o ingenio consistía básicamente de una siembra de caña y una fábrica en la cual, partiendo de los tallos cosechados, se producía o azúcar y melaza o melao. Desde sus inicios, la hacienda tenía otros componentes, tales como cultivos de supervivencia, pastos para bueyes, bosques para leña, viviendas y talleres. Algunas, generalmente las más grandes y aisladas, tenían hasta capilla.

La estancia cañera tenía que estar contigua a algún ingenio, con el cual negociaría la molienda de sus cañas. Los estancieros cuyas cañas se molían en ingenios vecinos eventualmente vinieron a conocerse como colonos del ingenio. Los dueños de ingenios molían esa caña a medias: la mitad del azúcar para el colono y la otra mitad para el procesador.

La tecnología fabril fue transferida a la isla en los primeros años desde España, Canarias y La Española. Fue evolucionando desde lo artesanal hasta la llegada de la Revolución Industrial a Puerto Rico con la introducción de maquinaria a vapor importada de Europa y Estados Unidos durante la primera mitad del Siglo XIX. Sin embargo, aparte de la aplicación a mediados del Siglo XVIII del arado de madera con punta de hierro, la tecnología agrícola se mantuvo esencialmente igual por la mayor parte de la época de la hacienda azucarera.

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