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Primeras Haciendas Cafetaleras

Primeras Haciendas Cafetaleras

Como resultado de la revolución haitiana, en la década del 1790 comenzaron a subir los precios del azúcar y del café a nivel mundial, pues para entonces la colonia francesa de St. Domingue (Haití) era el mayor exportador mundial de ambos productos. Para 1809 sus respectivos precios habían aumentado aproximadamente en dos terceras partes [Irizarry, 1981, p.357]. Esto, unido a medidas oficiales, tales como la anterior habilitación de otros puertos para la exportación además del de San Juan, estimuló grandemente la producción de ambos renglones en Puerto Rico.

El gobernador Meléndez Bruna atribuyó en 1810 a los inmigrantes franceses provenientes de Haití la introducción de mejoras a la industria cafetalera puertorriqueña [Gil-Bermejo, 1970, p.201]. Dado la fama que ya parece haber tenido el café boricua aun sin el beneficio de una óptima elaboración, Puerto Rico ha de haber sido un destino preferido por los empresarios cafetaleros que emigraban de Haití, mientras que Cuba ha de haber sido preferida por los azucareros.

Mientras que hay menciones históricas del rol de los franceses en la tecnología cafetalera [Córdova, 1981, p.383, además de la citada arriba por Gil Bermejo], no parece haber habido paralelo en la industria azucarera, aunque sí hubo varios grandes hacendados franceses a principios del siglo 19 [Luque de Sánchez, 1986, pp.56-58]. En la isla no se ha encontrado fogones para evaporar guarapo de la forma conocida en Cuba como “tren francés”; sólo la forma conocida por “tren jamaiquino” [Ver: Moreno Fraginals, 1976; Universidad de Puerto Rico, 1978].

Como se exportaba café “limpio” (pilado) desde antes de esa época, las mencionadas mejoras han de referirse a la instalación de máquinas despulpadoras, tanques de lavado y glaciles. De hecho, el vocablo glacil es de origen francés, y Puerto Rico es el único país de habla hispana donde se utiliza para referirse al patio de secar café [Rochac, 1964, p.367]. La instalación de estas facilidades transformaba a una estancia cafetalera, productora de café collor, en una hacienda, productora de café pergamino. Ocurrida en la década del 1790, la fundación de la hacienda ha de haber aumentado significativamente el valor de la producción de café, pues el café lavado es de mayor calidad y precio que el no-lavado.

Los cafetales de fines del siglo 18 y principios del siglo 19 estaban localizados próximos a los puertos y a los pueblos del litoral. Según Abad y Lasierra [1979, pp.142-43], en el Ponce de fines del Siglo 18 las estancias cafetaleras poblaban toda la tierra que se extiende a lo largo de la costa. Algunas de las haciendas mayores producían café pilado, pues tenían máquinas tahonas [González Vales, 1978, p.130], y las demás, café en cáscara o pergamino. Por la ubicación vecina a los pueblos costeros de estas haciendas, –Estas haciendas cafetaleras de primera generación merecen mayor estudio, pues han sido prácticamente ignoradas hasta ahora– su escala de producción y grado de elaboración, su café puede haber sido exportado por el hacendado a través de un comerciante o directamente. Este último puede haber sido el caso de algunos de los hacendados franceses llegados a fines del siglo 18, varios de los cuales tendrían contactos comerciales con agentes importadores europeos. –Antonio Marciani, italiano dueño de una hacienda de café ubicada junto al santuario de Hormigueros, tenía un barco propio en el puerto de Cabo Rojo con el cual se dedicaba al comercio exterior [E. Albino, comunicación oral, 1990]. La tradición familiar aún llama tahona a la Casa de Máquinas situada junto a la antiquísima Casa Grande que aún existe allí. [Hacienda Margarita (Casa Márquez)].

Si lo que suponemos arriba es cierto, éstas han de haber sido las primeras haciendas cafetaleras de Puerto Rico, añadiéndose al anteriormente establecido sistema de estancias, fincas familiares y exportadores-elaboradores ubicados en San Juan con agentes comerciales en los puertos del litoral.

linter [1834] describió el cultivo del café por parte del pequeño agricultor de c.1830 que sólo poseía algunos cafetos. De éstos cosechaba suficiente café collor como para adquirir a cambio en el comercio necesidades que no podía satisfacer por medio de sus demás cultivos y crianzas Según la referencia, estos pequeños agricultores estaban produciendo en total cinco veces más café que las haciendas de entonces.

En una economía desprovista de formas adecuadas de mercadeo y con insuficiencia de dinero metálico como la que existió en el Puerto Rico del siglo 18 y principios del 19, los productos agrícolas en su mayoría eran canjeados por otros productos o aceptados según alguna fórmula predeterminada como pago por deudas de refacción. El café, sin embargo, por su gran demanda en el mundo exterior, era eventualmente convertido en efectivo por los exportadores. Los comercios que lo canalizaban hacia éstos lo pagaban en esa forma y lo aceptaban en pago de deudas [Bergad, 1983, p.79]. Por esa razón, y por poderse producir en cualesquiera cantidades y condiciones en la isla, el café era el dinero del pobre que tenía acceso a algún predio de terreno, y en esa época había terreno disponible para quien estuviera dispuesto a establecerse en lugares remotos y vivir de la tierra.

Según Scarano [1984, pp.40-41], la llegada de inmigrantes con capital o con acceso a crédito del mercado internacional y su éxito en el cultivo del café, junto a la forma poco equitativa en que se condujo la repartición de hatos a fines del siglo 18, dieron lugar a que la sociedad isleña se fuera dividiendo en clases desde bastante antes del auge azucarero de los años 1820. –El azúcar se fue convirtiendo en una exportación importante a principios del siglo 19. Desde principios del siglo hasta la década del 1830 esta industria tuvo un desarrollo ascendente paralelo al del café, pero siempre concentrada en llanos cercanos a puertos por su excesiva dependencia en el costo de la transportación.

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