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Punta Borinquen

El primer faro de Aguadilla, conocido localmente como Las Ruinas, entró en servicio el 15 de septiembre de 1889. Fue diseñado por Enrique Gadea y construido por Pedro Tolosa en Punta Borinquen, el extremo noroeste de la isla. Los ingenieros consideraron ubicar el faro en el lugar más alto donde décadas después se construyó su sustituto, pero concluyeron que las muchas grietas presentes allí lo harían más susceptible a los temblores de tierra. La insatisfacción con su visibilidad desde el noreste hizo que en el 1911 se solicitaran fondos para destruirlo y construir un faro nuevo.
En el 1918, antes de que comenzara la construcción de su sustituto, un fuerte terremoto dañó la torre y debilitó el resto de la estructura hasta el punto que poco después fue clausurada y abandonada, a los estragos del clima y el vandalismo. Hoy lo único que queda de este elegante faro, con dimensiones de 91 pies de largo por 41 pies de ancho, es la fachada anterior y una pared lateral. No obstante, podemos tener la ilusión de visitarlo a través de su hermano gemelo, el faro de Maunabo. Estas dos estructuras se distinguieron solamente por el color y los detalles de la cornisa de la torre, que en el faro aguadillano exhibió elaborados detalles moriscos. El edificio se pintó de rojo y blanco; parte de la pintura roja, ya muy blanqueada por el sol, permanece sobre el empañetado de la pared frontal. La torre octagonal de 45 pies de alto se ubicó en el centro de la estructura. El lente de cuarto orden, destruido por el terremoto, proyectó su luz a doce millas de distancia, iluminando la punta noroeste de Puerto Rico y la entrada al Canal de la Mona.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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