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Reverendo John Layfield: Testimonio de 1598

Drake's Reverendo John Layfield -Testimonio de 1598

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“Relación del Viaje a Puerto Rico de la Expedición de Sir George Clifford, Tercer Conde de Cumberland, escrita por el Reverendo Doctor John Layfield, Capellán de la Expedición. Año 1598” (Fragmentos). Tomado de Samuel Purchas, His Pilgrims, Parte IV. Londres, 1625.

La isla entera está graciosa y agradablemente dividida en montes y valles. Entre los montes hay uno sobre todos llamado el Luquillo en donde se dice que hay la mayor cantidad y riqueza de minas. Y ninguno de los ríos que he oído mencionar tiene su nacimiento en él, quizás sea ésa la razón por qué en todos los montes es él el menos gas­tado. Pues ellos dicen que en los otros montes se encuentran venas, de cuya pobreza nadie necesita discutir. Este monte, que ellos llaman Luquillo, está situado al E(ste) de Luisa. Los valles son muy selvosos, pero en muchos sitios entrelazados con grandes llanos y es­paciosos prados. Los bosques no son solamente de madera inferior, como la mayor parte de la isla menor, si no de árboles de buena ma­dera y de hermosa altura, a propósito para la fabricación de barcos o cualquiera parte de ellos. Y no he hablado de un barco, que encon­tramos aquí, una embarcación con la carga de cien, el gran Bugonia, de mil toneladas, que habiendo perdido los mástiles en el mar, los tenía hechos de maderas de esta isla. El mástil principal de dos ár­boles solamente, y estando preparado para marchar para España, estaba ya muy cerca el momento de partir cuando Sir Francis Drake y Sir John Hawkins llegaron con el honorable intento de apoderarse de la isla y de un tesoro de cuatro millones que habían traído de la Habana. Dicho barco era el almirante de la flota, que este año había ido a Tierra Firme y habiéndolo cogido una tormenta y habiendo perdido los mástiles había venido a esta isla a recobrarse con mucho trabajo y aquí fue otra vez arreglado. Pero la escuadra de la reina Isabel de Inglaterra advertida de este accidente, vino en tan opor­tuna ocasión que los españoles tuvieron que hundir la nave y con tanta prisa que los pasajeros no tuvieron tiempo de tomar sus ropas y el cargamento y los víveres y todo se perdió. Algunas de las costi­llas de esta gran bestia se encontraron aquí, pero el tuétano y el va­lor de ella se había ido; pues traía consigo cuatro millones de tesoro. Y la destrucción de las fragatas que Sir Francis Drake mandó que­mar en esta bahía fue a propósito. Mientras Sir Francis estaba ha­ciendo aguada en Guadalupe, algunos barcos de su flota descubrieron el paso de estas fragatas por Dominica; tan buenas noticias, como verdaderamente eran, aseguró a Sir Francis, como públicamente dijo a la flota, que el tesoro no había salido aún de San Juan de Puerto Rico, y él mismo se aseguraba que estos barcos habían ido a tomarlo.

Los valles. El ganado crece salvaje

Los valles y prados de la isla principal están dotados con gran variedad de frutas, pues además de las grandes porciones de terrenos donde el ganado pace con tan ilimitada licencia que salvaje crece. La llanura que han escogido para hacer su estañera e ingenios está rica­mente cubierta con jengibre y caña de azúcar. Los ingenios están comúnmente, cerca de algún río o de terreno pantanoso, pues en sitios de esta clase la caña de azúcar prospera más. Y además se usa mucho del agua para los molinos y otros trabajos, aunque comúnmente los molinos trabajan con la fuerza de hombres y caballos, a mi entender, como los de Inglaterra, y si yo mismo los hubiera visto podría ser más extenso y describirlos con más precisión. Los que los han visto pueden hablar de ellos con más exactitud y elogiarlos.

Estancias de jengibre

Las estancias están situadas más al interior y a conveniente dis­tancia de algún río para el mejor transporte del jengibre a Puerto Rico, de donde dan salida sus productos para otros países. Yo creo que una de las causas de que unos prefieran el cultivo del jengibre al de la caña de azúcar, es porque las fincas de jengibre no necesitan tanto escoger el terreno, de manera que los pobres pueden tenerlas fácilmente y no necesitan grandes recursos para principiar dicho cul­tivo. Aquí, en general, los principales productos son el azúcar y el jengibre.

Un hombre que tiene doce mil cabezas de ganado, que son mayores que los de Inglaterra

Un tercer producto de esta isla además del jengibre y del azúcar, son los cueros, de los que ya hice mención. De éstos, sin contradic­ción, hay mucha abundancia. Me informó un español, que el vecino Chereno, cuya finca está muy cerca de la Aguada, al lado opuesto a Cabo Rojo, se dice que tiene unas doce mil cabezas de ganado. De esto podemos deducir lo abundante que es en ganado esta isla, cuan­do en el oeste, en el último extremo, que se considera de los peores lugares para la cría, comparado con el este de la isla, hay tanta abun­dancia. Una vez, lo cuenta todo el mundo y se cree, que por causa de la mucha abundancia de ganado, era permitido conforme a la ley, el que un hombre matase cuantos necesitase para su uso, si era tan honrado que traía los cueros a los amos. Estas pieles producen enor­mes sumas de dinero, teniendo en cuenta que sus novillos son más grandes que los que se crían en Inglaterra.

Los bueyes prosperan más que los caballos

Las vacas que yo he visto aquí pueden ser comparadas con el ga­nado inglés por su cabeza y cuerpo. No sé por qué estas bestias tienen parecido especial con las de las partes suroestes del mundo. No he visto ningún caballo más hermoso ni más alto que los que ordinaria­mente se ven en Inglaterra. Son bien formados y abundan, pero me parece que les faltan muchas cosas que poseen nuestros ligeros caba­llos ingleses. Todos son muy trotones. No me acuerdo haber visto más que un andador y muy pocas jacas que caminan de lado. Pero si hubiese mejores criaderos, habría mayor incremento en la produc­ción; así y todo son bastante buenos para caballos de alquiler que es al uso que se les destina.

Cabras, loros y cotorras

De ovejas y cabras no puedo decir que haya abundancia; y de los dos, hay menos ovejas que cabras. He visto y gustado de muchas cabras, pero según mi memoria no me acuerdo haber visto una oveja, aunque me han informado que en la isla hay rebaños; y este informe procede de personas que lo han visto. La escasez de ovejas no puede atribuirse a la naturaleza del terreno, como siendo impropio para criar estos animales, más bien se debe a una clase de perros salvajes, que habitan en los bosques y andan en grandes jaurías. Esto sucede porque dichos perros encuentran en el bosque alimento bastante y prefieren esa vida salvaje a la doméstica con mucha más ganancia para ellos. Estos perros comen también cangrejos, cuyo alimento también los hombres aprecian mucho. Los bosques están llenos de estos cangrejos, cuyo tamaño es mayor que los que yo he visto en Inglaterra. No hablo de ellos por lo que me hayan informado, si no por mi propia experiencia. He visto grandes cantidades de estos can­grejos en esta isla y en Dominica. Los más blancos, pues hay unos negros, muy feos, los han comido nuestros hombres con gusto y sin sufrir daño alguno, de lo que se quejaban otros. Cuando nuestra primera venida a Puerto Rico, los perros de la ciudad aullaban todas las noches y por el día se les veía ir en grupos por los bosques a lo lar­go de la costa. Esto lo creímos al principio como una sensible lamen­tación por la ausencia de sus amos, que los habían abandonado; pero después ya se acostumbran a nuestra presencia, que al principio les era extraña, y dejaron de ladrar, aunque continuaron su paseo diario a los bosques, en grupos. Por fin nos enteramos que estos viajes eran para cazar cangrejos, de los que encontraban gran abundancia en los manglares. Este es el alimento principal de los perros de Puerto Rico y cuando encuentran ovejas las atacan haciendo grandes daños en ellas, lo cual sería fácil de evitar si los españoles quisieran molestar­se un poco matando estos perros. Las cabras viven más seguras por­que les gusta las escabrosidades de las rocas y las cimas de las colinas, de modo que casi siempre están fuera del alcance de estos perros hambrientos, que merodean por las costas en busca de cangrejos. Además de las cabras y las ovejas hay gran abundancia de cerdos, que en éstas islas, al oeste y noroeste, producen el más gustoso toci­no. No me acuerdo haber visto en esta isla liebres ni conejos; pero sé que hay buena provisión de excelentes aves caseras, como gallos, ga­llinas y capones, algunos pavos y guineas, palomas en maravillosa cantidad, no en palomares como las tenemos nosotros, si no criadas y viviendo en los árboles. Además de otros sitios, hay dos o tres islotes inmediatos a Puerto Rico, cerca de la boca del Toa, donde un bote puede ir en una tarde o en una mañana, y cazar nueve, diez o una docena de docenas. La más importante de las tres islitas es una llamada, según he oído decir, la isla del Gobernador. No he marcado la provisión de aves de esta pequeña isla porque no he oído decir nada de ella a los que han estado en la isla principal. Loros y cotorras hay aquí como cuervos y cornejas en Inglaterra. Las veo ordinariamente volar en apretados grupos y excepto que son extraordinariamente habladoras, no son muy estimadas aquí como parece serlo.

Comentario:

El texto de Layfield aclara las razones para el ataque de Drake y Hawkins a Puerto Rico y ofrece un cuadro sobre la riqueza potencial de la misma. La información se obtuvo durante la breve ocupación inglesa de la colonia en 1598 y contó con el testimonio de algunos colonos locales. Lo primero que resalta es la riqueza potencial de las Minas de Luquillo y el potencial industrial de la madera de los bosques de la Isla. Su ejemplo, los mástiles del Bugonia, debía impresionar positivamente a un lector educado de la época. El arribo de esa nave de la Flota en arribada forzosa a Puerto Rico, colocó el Tesoro de Indias en la mirilla del Corsario inglés y justificó su fracasado intento de asalto en 1595, acto que Layfield celebra sin el menor empacho.

La riqueza de la colonia giraba alrededor del la caña de azúcar, industria entonces en crisis, y el  jengibre, que crecía a costa de aquella. El ganado “pace con tan ilimitada licencia que salvaje crece”, o sea, es cimarrón, y el paisaje ofrece una infinita variedad de frutas. Layfield no puede ser más específico porque, según confiesa, no ha sido testigo directo de ello. Los ríos eran fundamentales lo mismo para la caña, cerca de la costa, que para el jengibre, industria del interior. Buena parte de la producción jengibrera era transportada por esas vías pluviales hacia el mercado. Las ventajas del jengibre sobre la caña son apuntadas por el reverendo: los costos de producción son más bajos, hecho que favorece que el jengibre sea preferido por los pobres.

La otra industria es la del cuero de res. La ganadería se proyecta como una empresa difundida por todo el territorio. La referencia a un propietario de Aguada de apellido Chereno, es un dato importante. Chereno aparece en otra parte del texto identificado como mulato y como un persistente cultivador del trigo en la colonia. El dato de que la “mucha abundancia” de ganado, justificase en un momento no especificado la matanza indiscriminada de reses para la venta de sus cueros en desprecio de la carne, sorprende al reverendo inglés. El hecho de que el rendimiento del cuero en el mercado fuese elevado, justificaba el mito. El detalle de que los novillos fuesen más grandes en Puerto Rico que en Inglaterra, implica que no siempre se despreció la naturaleza americana en favor de la naturaleza europea. El poder de la ganadería cimarrona se reiterará posteriormente en los textos históricos redactados por criollos y constituirá uno de los problemas más interesantes de la historia social de Puerto Rico en los siglos 17 y 18.

En el caso de los caballos, el juicio es el opuesto: no comparan con el ganado caballar inglés y son “trotones”. El ganado menor, cabras y ovejas, tampoco sale bien parado. Pero para un observador que provenía de un rico país lanero, cualquier cosa que Puerto Rico pudiese ofrecer en el campo del ganado ovino sería poco. Con todo, no atribuye el problema de las ovejas a la naturaleza sino a la plaga de perros salvajes que habitan los bosques. La descripción de las jaurías de perros salvajes, sus viajes a los montes y su contumaz consumo de cangrejos es valiosa. En Cuba esas jaurías de perros alzados eran denominados jíbaros, equivalente a montaraz. La genealogía del concepto tiene en este texto una fuente invaluable sobre la evolución del significado del mismo. Los cerdos y las aves de corral completan el cuadro. Los islotes del norte resultaba en un valioso coto de caza, según el testimonio del autor inglés.

Layfield tenía informantes que, desde el interior, le orientaban sobre la situación de la Isla con mucho detalle. Sería interesante establecer la situación de los mismos y su finalidad al colaborar con un enemigo de la soberanía hispana en el país. Otros apuntes sobre el texto pueden consultarse en Documento y comentario: relación de John Layfield -1598.

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