Segundo Ruiz Belvis: una reflexión

Mario R. Cancel Sepúlveda -Responder a la pregunta de quién fue Segundo Ruiz Belvisno es muy complicado. Ruiz Belvis fue hijo de una familia de hacendados azucareros del barrio Hormigueros de San Germán que, además, estuvieron vinculados a la administración del Santuario de la Virgen de la Monserrate. Nació el 13 de mayo de 1829 en la Hacienda Josefa cuyos restos están abandonados en la bajura de su pueblo desde hace años. Estudió la preparatoria o segunda enseñanza en Caracas, y la escuela de Derecho en Madrid. Ruiz Belvis fue parte de la promoción  intelectual criolla en el Puerto Rico del 1850. Por aquel entonces, la agricultura y el comercio internacional, que habían crecido con intensidad desde 1815 al amparo de la Cédula de 1815, entraban en un ciclo de crisis de la cual nunca se recuperaron del todo en el resto del siglo.

El Romanticismo, el Positivismo, la confianza en el Progreso y en los valores Liberales asociados a la Modernidad, fueron las bases más visibles de las  propuestas ideológicas de las elites criollas. El filantropismo, una corriente del pensamiento pedagógico ilustrado, condujo a muchos pensadores del siglo 19 por el camino del activismo abolicionista lo mismo por consideraciones humanitarias que sociales. Aquel fue el discurso más innovador y agresivo que enfrentó España en América después de la Independencia de su Imperio y la creación de una Hispanoamérica independiente entre los años 1808 y 1821.

Aquellos valores fueron el fundamento  común de la intelectualidad criolla de todas las tendencias políticas hacia el 1850. Común a los que defendían la permanencia de la relación con España, fuesen asimilistas o autonomistas moderados o radicales, lo mismo que a aquellos que proponían la separación de España con aspiraciones independentistas, confederacionistas o anexionistas a Estados Unidos. La diversidad ideológica del siglo 19 fue extraordinaria.

El dilema político mayor entre las elites criollas de 1850 era la batalla entre el integrismo y el separatismo. Los integristas aspiraban seguir siendo españoles aunque favorecían una revisión del arreglo político entra ambas partes con el fin de democratizarlo. Democratizarlo significaba poner fin al “colonismo”, como se le denominaba entonces. Aquel segmento era abiertamente anticolonialista. Los separatistas aspiraban a dejar de ser españoles ya fuese mediante la creación de una República Soberana, una Confederación de las Antillas o unirse a Estados Unidos como Estado. El pensamiento anticolonial dominaba en la mayor parte de aquel sector. Ruiz Belvis era de los que creía en la necesidad de la separación de España para construir una República Soberana y una Confederación de las Antillas

Ruiz Belvis y su tiempo

El balance de fuerzas en el seno de las elites criollas en 1850 condujo a una situación peculiar. Aquellos criollos que defendían la permanencia de la relación con España -los asimilistas y autonomistas moderados o radicales-, es decir, los integristas, rechazaban a los que defendían la separación de España -los independentistas, confederacionistas, anexionistas a Estados Unidos-. El papel de España en el futuro posible de Puerto Rico separaba a los intelectuales criollos. El liberalismo reformista y el separatismo revolucionario eran ideologías que tendía a chocar la una con la otra.

Una de las consecuencias de aquel fenómeno fue que, dado que Puerto Rico siguió siendo español hasta 1898, Ruiz Belvis, muerto en Chile en 1867, se convirtió en uno de los grandes “olvidados” del país, según los reconocieron Ramón E. Betances en 1867,  y Eugenio María de Hostos en 1873. Su recuerdo tomó el cariz de una fuerza subversiva de la cual había que hablar en secreto.

El primer reconocimiento a esta figura surgió en 1888, cuando el periodista mulato Sotero Figueroa de ideología primero autonomista radical y luego separatista, publicó en Ponce una biografía del hormiguereño. En 1892, Figueroa volvió sobre el tema de Ruiz Belvis en su breve estudio La verdad de la historia, primer opúsculo sobre la abortada insurrección de Lares escrita por un separatista convencido.  El segundo reconocimiento público ocurrió cuando las autoridades estadounidenses de la ciudad de Mayagüez tras la invasión de 1898, denominaron una calle de la ciudad con su nombre en 1899.

No se debe pasar por alto un detalle: la intelectualidad criolla del siglo 19 que no compartía el proyecto separatista, no veía en Ruiz Belvis ni en Betances u Hostos un signo con el cual identificarse. La razón era que no veían en sus posturas  una expresión de los valores  “criollos” porque aquellos querían dejar de ser españoles para ser otra cosa. El olvido de estas personalidades fuertes no fue responsabilidad solo de los españoles. Los intelectuales criollos, moderados al extremo y adversarios de los cambios sociales bruscos, también colaboraron con ello.

Su relevancia para Hispanoamérica y Puerto Rico

En el contexto Hispanoamericano, Ruiz Belvis fue parte de la vanguardia liberal radical que defendió la separación definitiva de los territorios españoles que no habían ganado su independencia entre los años 1808 y 1821. Sus batallas en favor del Progreso y la Modernidad, los dos mitos sociales más atractivos del siglo 19, se concentraron en dos  aspectos. Primero, conseguir una reforma del mercado que instituyera la abolición de la esclavitud y el mercado laboral libre con la subsecuente abolición de todo trabajo servil como el que imponía la libreta de jornaleros y la economía de hacienda azucarera tradicional. Segundo, re-insertar a Puerto Rico en un mercado  internacional que había cambiado desde 1800 y que avanzaba en el marco del capitalismo moderno y el libre cambio con Inglaterra y Estados Unidos como modelos más pujantes. Cónsono con esos objetivos, reconocía que para insertar a Puerto Rico en esa ruta, tendría que separarlo del Reino de España. Su independentismo era una postura pragmática y no la decisión irracional o emocional de un nacionalista romántico.

El resumen de sus propuestas en ese renglón se encuentran en el Proyecto para la Abolición de la Esclavitud que presentó Ruiz Belvis con Francisco Mariano Quiñones y José Julián Acosta y Calbo en Madrid en 1867, el cual le costó el exilio y, a la larga, la vida. El rebelde de Hormigueros fue “la cabeza” del movimiento separatista que condujo a la  Insurrección de Lares en septiembre de1868. Así lo reconocieron en sus escritor dos testigos de primera mano: Betances y el periodista integrista José Pérez Moris. La devaluación de su papel en esa gesta es producto directo de su deceso en Valparaíso, Chile a fines del año 1867

Ruiz Belvis, por último, fue un educador y un pensador reflexivo, reconocido  como uno de los fundadores de la Historiografía Puertorriqueña. En 1850, cuando apenas contaba 21 años, colaboró con Alejandro Tapia y Rivera en los trabajos de  la “Sociedad Recolectora de Documentos Históricos de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico”. El producto de aquella asociación juvenil fue una de las publicaciones historiográficas más importantes para el país: la Biblioteca Histórica de Puerto Rico (1854) editada por Tapia y Rivera. Me parece que la relevancia intelectual, cultural, historiográfica y político-social de Ruiz Belvis, justifican un acto como este.

Su relevancia para Hormigueros hoy

Su relevancia para Hormigueros hoy, sin embargo, me despierta algunas interrogantes. Una cosa es que el Alcalde Pedro J. García sea un apasionado del pasado patriótico y haga un esfuerzo por demostrarlo en el escenario público auspiciando actos de recordación como este. Otra muy distinta  es que solo un puñado de hormiguereños puedan pararse aquí a conversar sobre Ruiz Belvis en su natalicio. Esa situación me sugiere que allí hay una “carencia”: la figura no tiene muchos interlocutores en el presente. Los monumentos y los espacios públicos bautizados en su nombre -una escuela superior, una calle urbana, un mausoleo para sus restos simbólicos, una estatua de bronce, un parque urbano-, no educan por sí solos a la gente si no se establece un diálogo abierto con ellos. Sin ese diálogo enriquecedor, el pasado siempre será una sombra indescifrable para quien lo mire.

No soy un idealista ni mucho menos un optimista. Una conferencia anual sobre Ruiz Belvis tampoco consigue ese fin si la gente sigue mirando al pasado como un espacio ajeno y emborronado que se dejó atrás y que sólo sirve como excusa para hacer una fiesta popular. Bajo esas circunstancias, corre el peligro de convertirse en un ritual inútil.

Segundo Ruiz Belvis, en medio de una crisis que ponía en entredicho los “logros” del Puerto Rico colonial español del siglo 19, adoptó un programa radical y exigente que lo condujo a la confrontación con un orden anquilosado. Quizá su actualidad se deriva precisamente de ello. Hoy se recuerda su figura en medio de otra crisis que también ha puesto en entredicho los “logros” del Puerto Rico colonial estadounidense del siglo 20. La diferencia es que todavía no se ha articulado el programa radical y exigente capaz de enfrentar un orden que también se ha anquilosado.

Quizá el contraste entre aquella disposición a tomarse todos los riesgos, y la incapacidad de quienes lo homenajean hoy para hacer lo mismo, radique la mayor lección de su corta vida.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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