Sergio Ramírez de Arellano y Conti Carretera de Mayagüez a Añasco 1889-1899
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Sergio Ramírez de Arellano y Conti

 Mayagüez 1829 – 1904 Añasco: Sus padres: Francisco Ramírez de Arellano Boni- lla y Rosalía Conti Torralbo, nieta del gobernador Francisco Torralbo. A los 36 años, se casó en enero de 1865 con la añasqueña Ana Rita García de Que- vedo, de 34 años. Procrearon tres hijos. Ana falleció  a los 46 años, el 23 mayo de 1887, enviudando a Sergio a los 58 años.

Fue maestro durante unos 50 años, y se descono- ce cuántos fueron en Añasco. Por su dedicación a la instrucción, el pueblo le dio el apellido a la escuela de la calle Principal esquina Ángeles.

En la carta que me facilitó su nieto Enrique Ra- mírez de Arellano Brau, con la fecha del 20 de ene- ro de 1904, enfermo y jubilado, le expresaba a un hi- jo: Confío en que tendrás en cuenta esta situación y estarás atento en mandarme recursos para hacer frente a lo más preciso. Espero que Mr. Linsay entenderá mi súplica y me pague aunque sea un trimestre de la deuda de jubilación.

La carta expone los problemas económicos del sistema escolar, las estrecheces y padecimientos de los maestros como funcionarios del gobierno.

Diez meses más tarde, el 4 de noviembre de 1904, el maestro tuvo el último sueño en el pueblo al que tanto le sirviera. Dedicar una vida a la formación de estudiantes, fuera de la necesidad económica, se hace por amor, por vocación. Han sido tantos los Ramírez de Arellano destacados, que es tiempo el que a la Ramírez de Arellano School, se le dé el nombre de: Sergio Ramírez de Arellano y Conti, gran educador e hijo adoptivo de Añasco. Acoto, que Ramírez de Arellano es un apellido compuesto por lo que es un solo apellido.

NOTA: Siempre que nos es posible publicamos el nombre del Autor y un enlace al lugar del cual se obtuvo la información publicada. Dado el caso que mucha información nos es enviada sin esta información, pedimos que si es usted amigo lector el autor de uno de estos artículos nos lo haga saber para dar los créditos correspondientes.

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No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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